Confiarse a María como el apóstol Santiago

Último sábado de julio con María, Madre de la Esperanza, en lo más profundo de mi corazón. Ante las cruces cotidianas, ¡qué mejor que acudir a María que estuvo siempre al pie de la cruz! A María te puedes dirigir siempre sin circunloquios, sin palabras bonitas, sin frases grandilocuentes… basta que le abras el corazón de par en par y sentir como Ella acoge tu plegaria, te arrope con su manto, te escuche con amor y eleve tu súplica al Padre.

María es la Madre que siempre está presente para acoger lo que cada uno le pide. Por eso se hace tanto de querer. Abre sus manos para que depositemos en ellas nuestra oración quebradiza, nuestras peticiones tímidas, la pequeñez de nuestras cosas porque para ella esa oración es grande, las peticiones importantes y lo pequeño sustancial. Todo lo que se ofrece a la Virgen se transforma por completo en obra del Espíritu Santo, con quien María ha tenido siempre una relación especial.  No hay nada que nos inoportune, nos duela, nos haga sufrir, nos preocupe, nos altere, nos entristezca que lo sienta ajena a Ella. Nada de cuanto nos ocurre queda al margen de su amor y de su misericordia. Cualquiera de nuestros pasos en su maternal compañía nos dirigen directamente a Dios.

Hoy, en esta festividad de Santiago Apóstol, más que nunca le confío a Ella mi vida como hizo el hijo del Zebedeo quien en Zaragoza obtuvo la bendición de la Madre de Dios para emprender su misión de evangelizar celtiberia. Aquel día, la Virgen se le apareció al apóstol sobre un pilar de mármol mientras un coro de ángeles cantaban el Ave María. Quienes nos hemos acercado a la Basílica del Pilar con frecuencia nos acordamos de la frase que dirigió a Santiago el Mayor: que la virtud de Dios obre portentos por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocino. Y, como es de imaginar, tomo con alegría las palabras de María para confiarle mi vida y la de todos los que amo para que llene nuestras vidas de su presencia y haga que brille en nosotros la luz de Cristo, esa luz que un día Ella iluminó en un rincón perdido del mundo. Y como el apóstol dejarme guiar con confianza por su Palabra, por sus gestos, por su compañía y por su amor imperecedero.

¡María, Madre de Dios y Madre Nuestra, quien te hiciste presente en Zaragoza para dar fuerzas y vigor al Apóstol Santiago y le invitaste a erigir en tu honor un templo a las riberas del Ebro, llena a nuestro país y a todos los que lo conformamos de mucho amor, de mucha caridad, de mucho respecto, de muchas gracias, de mucha generosidad y de mucha comprensión mutua! ¡Ayúdanos a persevera cada día en la fe, en la esperanza y en la caridad para que los valores perennes de tu Hijo pervivan en nuestras sociedades! ¡Te confío, Madre, mi cuidado y el de todas las familias del mundo especialmente las que están sufriendo dificultades económicas, sociales o enfermedades entre sus miembros! ¡Te confío el bienestar del alma para que no decrezca nuestra esperanza y nuestra fe; ayúdame a ser transmisor de esperanza, de acompañar a quien sufre, a buscar siempre la verdad, a acompañar a los que más lo necesitan como haces tu con cada uno tus hijos! ¡Te pido, Virgen Santa, que atiendas a los que padecen desgracias, soledad, enfermedad, falta de fe o poca disponibilidad para una entrega plena a Dios! ¡Conviértete, Madre, en verdadero auxilio para quienes acudimos a ti, consuelo para los que padecen sufrimientos, luz cuando las incertidumbres hagan mella en nuestra vida, pilar para sostenernos en las vacilaciones y aliento cuando decaigan nuestras fuerzas!

Con el bastón de peregrino y el rollo del Evangelio

Durante más de mil años hombres y mujeres de todo el mundo realizan en peregrinación el camino de Santiago. Unos amigos lo han comenzado hace unos días en bicicleta, otros lo harán en una semana caminando desde Roncesavalles, y así el camino que lleva a la tumba del apóstol atrae cada vez más a personas que buscan una experiencia personal diferente. El denominador es descubrirse a uno mismo. Quien pasa hojas deja atrás su pasado y se distancia del presente con el propósito de encontrar lo que le da valor real a su existencia. Un cuñado mío que lo ha realizado recientemente considera que es como una profesión de fe: ¡nada vuelve a ser como antes! Cualquier peregrino atestigua los efectos de esta experiencia en estos términos: la soledad y las dificultades encontradas en el camino te obligan a pensar; caminas con un objetivo y cada día encuentras su significado.
Regresar a uno mismo es un objetivo que muchos se plantean durante sus vacaciones anuales. Las vacaciones no deberían ser un tiempo vacío sino de reorientación, de unificación del centro de gravedad de la propia vida. Este centro no tiene que ser nuestro propio yo. Los cristianos estamos invitados a dejarnos acompañar por Otro. En multitud de ocasiones, Santiago, el hijo de Zebedeo, atendió este mensaje de Jesús: fue uno de los primeros cuatro discípulos llamados por Él; uno de los tres apóstoles elegidos  para acompañarle al monte de la Transfiguración y fue, también, uno de los tres a quien Jesús pidió que le acompañara al huerto de la agonía, en Getsemaní. En cada ocasión Santiago aceptó con prontitud la invitación de Jesús. Así puede ser también mi vida, cuando Jesús me llama y me pide que deje la barca de mis seguridades humanas para seguirle por los caminos que Él tiene pensados para mí y estar disponible para testimoniarlo con valentía, sin miedo a las consecuencias de esta adhesión.
Santiago apóstol te enseña que todos andamos por un camino de fe. Que toda la vida humana es una peregrinación. Toda vida humana experimenta altibajos, peregrinaciones, pasos en falso, pecado, caídas… pero cada uno de nosotros escucha de vez en cuando esa invitación para dar media vuelta y convertirse de nuevo. Santiago te permite comprender que lo que da sentido a nuestras vidas es que somos de barro pero sostenidos por Cristo. Esta fragilidad no debe asustarnos, porque Dios es la fuerza que lleva nuestra vida.
Santiago apóstol también te enseña que ser apóstol de Cristo —ser cristiano— es participar decididamente en la vocación del servicio gratuito, que seguir a Cristo exige madurar la propia fe porque seguir al Mesías no implica vivir solo rodeado de honor y de gloria sino también de sufrimientos y de debilidad pues la gloria de Cristo se materializa en la cruz desde donde Él acoge cada uno de nuestros sufrimientos.
Como Santiago apóstol deseo ser un ejemplo elocuente de viva adhesión Jesús. Y peregrinar por la vida recorriendo no solo el camino exterior sino sobre todo el interior, sabiendo hacerlo entre las dificultades de la vida, con el bastón de peregrino y con el rollo del Evangelio, pues estos son los valores que representan la autenticidad de la vida cristiana.

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Cada año, en este día rezo  la oración que el Papa san Juan Pablo II pronunció  ante la tumba del Apóstol en la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Santiago de Compostela el 19 de agosto de 1989 y a la que tuve el honor de asistir. Esta oración sustituye de Juan Pablo II sustituye hoy a la que habitualmente acompaña la meditación

¡Señor Santiago!
Heme aquí, de nuevo, junto a tu sepulcro
al que me acerco hoy, peregrino de todos los caminos del mundo,
para honrar tu memoria e implorar tu protección.
Vengo de la Roma luminosa y perenne,
hasta ti que te hiciste romero tras las huellas de Cristo
y trajiste su nombre y su voz hasta este confín del universo.
Vengo de la cercanía de Pedro, y, como Sucesor suyo,
te traigo, a ti que eres con él columna de la Iglesia,
el abrazo fraterno que viene de los siglos
y el canto que resuena firme y apostólico en la catolicidad.
Viene conmigo, Señor Santiago, una inmensa riada juvenil
nacida en las fuentes de todos los países de la tierra.
Aquí la tienes, unida y remansada ahora en tu presencia,
ansiosa de refrescar su fe en el ejemplo vibrante de tu vida.
Venimos hasta estos benditos umbrales en animosa peregrinación.
Venimos inmersos en este copioso tropel que desde la entraña de los siglos
ha venido trayendo a las gentes hasta esta Compostela
donde tú eres peregrino y hospedero, apóstol y patrón.
Y venimos hoy a tu vera porque vamos juntos de camino.
Caminamos hacia el final de un milenio que queremos sellar con el sello de Cristo.
Caminamos, más allá, hacia el arranque de un milenio nuevo
que queremos abrir en el nombre de Dios. Señor Santiago,
necesitamos para nuestra peregrinación de tu ardor y de tu intrepidez.
Por eso, venimos a pedírtelos hasta este «finisterrae>> de tus andanzas apostólicas.
Enséñanos, Apóstol y amigo del Señor,
el CAMINO que conduce hacia El.
Ábrenos, predicador de las Espadas,
a la VERDAD que aprendiste de los labios del Maestro.
Danos, testigo del Evangelio, la fuerza de amar siempre la VIDA.
Ponte tú, Patrón de los peregrinos,
al frente de nuestra peregrinación cristiana y juvenil.
Y que así como los pueblos caminaron antaño hasta ti,
peregrines tú con nosotros al encuentro de todos los pueblos.
Contigo, Santiago Apóstol y Peregrino,
queremos enseñar a las gentes de Europa y del mundo
que Cristo es-hoy y siempre- el Camino, la Verdad y la Vida.

Felicidades a todos los Jaimes y Santiagos.

Del compositor Alonso de Mondéjar presento hoy el romance Camino de Santiago, cuyas estrofas repiten este hermoso texto:

Camino de Santiago
con más fe que devoción.
Mi cuerpo solo se parte
dejando su corazón.
Mi cuerpo solo se parte
con más fe que devoción.
Suspiros lágrimas tristes
llevo por consolación.

Peregrino de la fe, el amor y la esperanza

Celebramos hoy la solemnidad de Santiago Apóstol, patrono de España y de muchas ciudades de América. Santiago el Mayor, discípulo de Jesús, hermano de san Juan Evangelista, hijo de pescadores, misionero en la Hispania romana, asentado en Compostela y primer apóstol mártir tras ser decapitado por Herodes a su regreso a Jerusalén en el año 44. Un personaje de los Evangelios tan lejano en el tiempo como cercano en su espíritu. ¿Qué impronta me deja en mi corazón la figura del santo compostelano?
Primero, aprender a renunciar a lo material que tanto cuesta en el mundo de hoy; él dejó las redes aparcadas en el lago Genesaret para seguir a Cristo, renunció a sus comodidades y se dispuso a acompañar al Señor con la mayor de las generosidades. También muestra el camino para vivir como discípulo de Jesús haciendo de la vida un servicio, a ser testigo de su verdad, dejando atrás todas mis actitudes autocomplacientes y egoístas —su madre pidió para él que se sentase a su derecha o su izquierda en el reino de los cielos—, testimoniando la Cruz en los momentos de tribulación y de fracaso pero también de alegría y felicidad.
La actitud de este discípulo impetuoso e intrépido invita a ser valiente en las convicciones, generoso en la entrega y en la disponibilidad para ser capaz de dar la vida como hizo el mismo Cristo y a transformar la debilidad humana en fortaleza porque parafraseando al apóstol Pablo llevo el tesoro en recipientes de barro para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de mi, sino de Dios. Me recuerda que nuestra sociedad y nuestra civilización tienen unos valores cristianos que hay que defender, que las raíces cristianas de nuestra vida se cimientan sobre el amor y que debo alzar la voz para preservarlas ante aquellos que las quieren destruir.
Que estoy llamado a la nueva evangelización, a la construcción de un mundo que tenga como pilar la fe apostólica. Hoy, más que nunca, se hacen realidad aquellas palabras de san Juan Pablo II, exhortando a Europa «a ser tu misma, a descubrir sus orígenes y avivar sus raíces». Soy un peregrino cristiano. Mi camino no se detiene nunca. Nace por una meta que tiene como fin la eternidad. El camino es símbolo de la vida cristiana, de la vida espiritual y humana del creyente. Caminar es no cesar de buscar a Dios en la realidad de la vida. La experiencia de la peregrinación es dar certeza a la fe, claridad a la vida, esperanza a la renovación de la existencia. Ponerse en camino es peregrinar individualmente confiando en la figura de Dios que te asiste, en la persona de Cristo que te acompaña y en la esencia del Espíritu Santo que te guía. Peregrinar es dejar las comodidades, lo superfluo de las cosas y poner encima de todo la esencia de lo que eres. ¿Que sentido tiene para mi vida poseerlo todo si perdido yo mismo no me encuentro con Dios?
En esta fiesta quiero convertirme como el apóstol Santiago en auténtico servidor de Cristo, dar mi vida para dar vida. Aprender a darme cada día en mi camino de fe, de amor, de servicio y de esperanza.

orar con el corazon abierto

¡Jesús mío, tengo en el ejemplo de Santiago apóstol un ejemplo hermoso de seguimiento de tu persona; ayúdame a cumplir tu voluntad! ¡Como Santiago mi compromiso cristiano es amar, y amando servir, sirviendo para testimoniar porque Tu viniste para servir y no ser servido! ¡Señor no es sencillo vivir el cristianismo en el mundo pues la sociedad está cada vez más secularizada, con más crisis de identidad, como mas reacciones ante la verdad de la fe, ayudarme como hizo Santiago Apóstol a permanecer en Ti, a proclamar tu mandamiento del amor, a proclamar la fe viva de Tu Reino, a anunciar las verdades del Evangelio, a obedecer a Dios antes que los hombres, a no tener miedo a la persecución y la crítica porque el tesoro que eres Tú lo conservo en vasija de barro! ¡Te pido en este día, Señor, por todos los cristianos de las diócesis de España y del mundo para que entre nosotros haya respeto y amor, comprensión y ayuda, superación de identidades y que sepamos trabajar unidos para llevar el corazón de la Iglesia a la realidad de nuestro mundo! ¡Te pido que me hagas peregrino de la fe para ir al encuentro del prójimo, testigo de tu amor, señuelo de caridad, testimonio de vida cristiana, constructor de fe! ¡Ayúdame a caminar siempre a tu lado, a dar forma a mi vida cristiana, a peregrinar para cruzar el pórtico de la gloria de mi vida en una plena renovación interior con Dios y en Dios! ¡Ayúdame a no quedarme en la cuenta del camino, que mi experiencia de fe sea en el camino de cada día, que no me deje vencer por las rutinas de lo cotidiano, en los cansancios del alma, en las diferencias con el prójimo! ¡Ayúdame a encontrarte cada día en lo más íntimo y personal de la vida! ¡Y a Ti, Santiago Apóstol, amigo y testigo de Jesús, te encomiendo mi vida y el fruto espiritual de mi peregrinación cotidiana; anima mi fe, alienta mi esperanza y despierta mi caridad para ser capaz de vivir como peregrino de la fe y testigo de Jesucristo resucitado!

La obra que hoy presento es anónima, es un pequeña joya del Códice Calixtino que se conserva en la catedral de Santiago de Compostela. Encargo del papa Calixto la pieza que escuchamos es el himno de peregrinación Dum Pater Familias propuesto para que los peregrinos lo contasen para pedir protección en el camino al santo apóstol:

Peregrinar es caminar en la tierra

Recuerdo un viaje en familia a Santiago de Compostela coincidiendo con el Año Santo Compostelano. Significó para nosotros abrir nuestro corazón, entrando por el Pórtico de la Gloria para abrazar al Apóstol acompañados de tantos peregrinos en búsqueda de la experiencia de la gracia, del perdón y la redención, de la caridad y el amor. Peregrinamos a Santiago no tanto por abrazar al Apóstol, lo hicimos para encontrarnos con el Señor.
Cada año, un día como hoy, la mirada de Santiago se postra sobre cada uno de nosotros, manifestándonos que Dios existe, que nos ha regalado la vida y que nos llena de su gracia y de su amor al tiempo que nos marca el camino para sentir su presencia en nuestra vida.
Caminar. Peregrinar. Ningún caminante puede abandonar sus razones de vivir y de seguir adelante. Llegar a la tumba del Apóstol, amigo y testigo del Señor, marca en ese peregrinaje personal hacia la casa del Padre. En ese comenzar siempre de nuevo, caminando de comienzo en comienzo, sedientos de Dios; necesitados de salud, de amor, de consuelo y de esperanza; necesitados de salvación y de perdón; necesitados de que la misericordia del Señor venga sobre cada uno de nosotros.
Peregrinar es caminar en la tierra. En su momento no fui consciente de que la tumba del Apóstol tenía una significación única en la Iglesia. Que esa tumba es el signo que ayuda a fortalecer nuestra fe como creyentes. Lo he ido comprendiendo a medida que mi fe se ha ido fortaleciendo y mis creencias han sobrepasado la tibieza de tantos años de vida acomodaticia en lo que se refiere a Dios.
Para Santiago el apostolado no fue un privilegio. Fue, sin duda, un don, una misión, una entrega para la que el Apóstol comprometió su vida. La identidad de un apóstol —cualquiera de nosotros está llamado a ser apóstol— revela la identidad del cristiano. Y el compromiso es dar testimonio del amor de Dios manifestando al Señor por medio de la caridad, del amor, del perdón, de la entrega y del compromiso, ofreciendo aquella visión de la vida que dimana del Evangelio, aunque tantas veces nos genere incomodidades.
Tu y yo estamos llamados a cambiar el mundo; tu y yo estamos llamados a continuar la obra de Cristo en la tierra en nuestra familia, en nuestro entorno social, en nuestro trabajo… en definitiva, en todos los ámbitos de la vida. Tu y yo estamos llamados a ser apóstoles en el siglo XVI. Es la llamada de Cristo que no podemos desoír. Es un reto maravilloso y parte de nuestro peregrinaje vital.

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¡Apóstol Santiago te pido hoy por el porvenir de nuestra nación; especialmente por aquellos desesperanzados por su angustiosa situación; por los dirigentes, para que no desfallezcan en sus responsabilidades y que conviertan la política en una actividad noble al servicio del bien común; por nuestro peregrinar a la luz de la fe; para que nos fortalezca la esperanza; por nuestro compromiso para acoger la gracia de Dios, para ser testigos de la alegría y la gratuidad en medio de la tiranía del individualismo y de la amargura, reconociendo en el día a día los dones de Dios en nuestra vida! ¡Apóstol Santiago, ayúdame a comprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que Dios nos sale al encuentro como amigo, padre y guía!

Himno al Apóstol Santiago cantado durante el funcionamiento del Botafumeiro: