¡Feliz Navidad con el corazón abierto!

¡Feliz Navidad a todos los lectores de esta página! ¡Feliz Navidad, porque Dios ha nacido en Belén, por que el «Emanuel», Dios con nosotros,  se hace pequeño para vivir en nuestro corazón! ¡Feliz Navidad porque el Niño Dios, en el pobre pesebre de Belén, se nos hace cercano para que podamos tratarle de tu a tu, para que podamos besarle, cogerlo entre nuestros brazos y decirle que le amamos! ¡Feliz Navidad, porque en su pequeñez de Niño, Dios se manifiesta en la plenitud de su amor, porque Dios quiere hacernos saber que su amor es un amor inmenso pero al mismo tiempo indefenso, porque es un amor que desarma por la grandeza de su conquista al corazón humano! ¡Feliz Navidad porque Dios quiere vivir en lo más profundo de nuestro ser interior, transformar nuestra vida desde lo íntimo, desde lo profundo de nuestro ser! ¡Feliz Navidad, porque hoy es un día de alegría inmensa que podemos trasladar a los demás! ¡Feliz Navidad porque es la oportunidad de desprendernos de nuestros apegos mundanos, de nuestros egoísmos y soberbias, de nuestros rencores, de nuestras heridas del corazón! ¡Feliz Navidad, porque este Niño que está envuelto en pañales acurrucado por María, Nuestra Madre, y tiernamente protegido por San José, nuestro ejemplo de entrega, amor y servicio, nos reviste de inmortalidad, nos fortalece en nuestra debilidad y nos alimenta con su infinito amor!
¡Feliz Navidad, querido lector, que el Niño Jesús nazca plenamente en tu vida y en la de los tuyos, que llene tu corazón de amor y de paz, que te colme de esperanza y de gozo, que sea la luz que ilumine tus pasos, que sea la razón que renueve tu vida, que te llene de serenidad interior y sientas como su ternura y su gracia envuelven tu vida! ¡Feliz Navidad con el corazón abierto!

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¡Padre, gracias por la generosidad de hacerte niño! ¡Gracias, Señor, porque me enseñas que en la pobreza de corazón está la grandeza del hombre! ¡Gracias, Señor, porque caminando en la humildad aplacamos nuestro orgullo y nuestra vanidad! ¡Gracias, Señor, porque en tu entrega generosa nos enseñas a entregarnos nosotros a los demás! ¡Gracias, Señor, porque has salido a mi encuentro, has inundado mi corazón de paz y me permite crecer en el amor! ¡Gracias, Señor, porque adorándote a Ti no tengo que idolatrar esos dioses que merodean mi corazón! ¡Gracias, Señor, porque en la penumbra del portal tu amor calla y me haces comprender que el sufrimiento, el dolor, la dificultad me acompañarán también en mi camino de cada día pero que contigo a mi lado nada tengo que temer! ¡Gracias, Señor, por darnos a María, Tu Madre, que junto al pesebre sabe estar y esperar! ¡Gracias, Señor, porque teniéndolo todo te presentas en Belén sin nada y eso me hace replantearme muchas cosas de mi vida! ¡Gracias, Señor, porque vives en mi corazón y me llenas de gozo, alegría, esperanza y de paz!

Absorto ante el pesebre

Ayer miraba absorto un pequeño pesebre que estaba en el escaparate de una tienda dando preponderancia al sentido de la Navidad, no del consumismo que nos invade. Me admiraba no por su belleza, sino por lo que trasluce en si mismo el portal de Belén. ¿Cuál es la gran paradoja del tiempo navideño? La figura de un niño nacido casi a la intemperie, envuelto en pañales, acompañado de unos padres agotados por el cansancio de un largo viaje y recostado en un pesebre. Vuelves ligeramente la mirada y en un extremo del pesebre hay cuatro pastores con sus ovejas observando a un ángel que les ofrece estas claves para que puedan reconocer al Dios hecho Hombre.
Me pongo en la tesitura de aquellos hombres, al que se les anuncia el nacimiento del Mesías, cuando en aquel tiempo la divinidad se representaba con grandes signos. Sin embargo, allí está ese Niño frágil en un Belén. ¡Que manera tan hermosa tiene Dios de hacer las cosas! ¡Manifestarse ante la humanidad como un niño desvalido, en un lugar casi indigno porque no hay lugar para ellos en ninguna posada! ¡El Rey de Reyes manifestándose en la pobreza del mundo!
Y no puedes más que dar gracias a Dios; darle gracias y bendecirle porque sabes que Él se aparece en lo cotidiano de la vida, en lo sencillo de la jornada, en la simple existencia de cada día. Dios está en todo, en lo grande y maravilloso, pero sobre todo en lo cercano de nuestras vidas, en nuestro ahora permanente, en la simplicidad de nuestro vivir, en la pequeñez de nuestro entorno. Y, esto que parece obvio, es cada año una novedad para el corazón del hombre.
Miro el pesebre y me surge decirle al Dios-con-nosotros: «Señor, mío y Dios mío, cuyo primer hogar fue un pesebre, no permitas que me deje llevar por las cosas materiales sino por la sencillez de la vida; tu que llegaste como monarca para traer la paz, hazme un instrumento de tu paz allí donde vaya; Tu que eres el Señor de Señores y tu reino es el del servicio, hazme servidor de todos para transformar el mundo a imagen y semejanza tuya. ¡Gracias, Padre, porque te puedo encontrar en lo cotidiano de mi vida!»

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¡Gracias, Padre, porque te puede hallar en lo cotidiano de mi vida! ¡Concédeme la gracia de hacerme siempre pequeño para parecerme cada día más a Ti! ¡Soy de barro, Señor, pero un barro al que tu aliento divino de vida eleva sobre toda la creación! ¡Este barro, Señor, simboliza mi condición de hijo tuyo pero también mi propia fragilidad! ¡Te contemplo, Señor, recostado en el pesebre, sencillo y humilde, y te pido la gracia de parece a ti! ¡Señor, soy consciente de que mi camino de crecimiento personal pasa por hacerme pequeño, por reconocer mi debilidad! ¡Allí donde no soy nada, Señor, tu lo eres Todo porque tu gracia me basta, porque tu fuerza se manifiesta en mi pequeñez! ¡Solo me basta contigo, Señor, con tu gracia! ¡Ayúdame a poner cada día mi fragilidad, mi pequeñez y mi debilidad ante los pies de tu cuna, Señor, abierto a tu docilidad, para que todo se abra a tu acción amorosa! ¡Me postro ante el portal, Señor, y te alabo por la grandeza de tu amor y me complazco en mi pequeñez porque quiero aceptar ante Ti, que eres el Rey de Reyes, el Señor de Señores, lo que realmente soy y mi entrega total, mi disponibilidad absoluta para que obres en mi corazón, lo transformes y lo llenes de tu gracia! ¡Señor, miro el portal donde te hayas recostado en la cuna y no puedo más que dar gracias por el misterio de verte encarnado en la debilidad humana! ¡Gracias porque eres el Dios encarnado y esto me llena de gran esperanza porque va unido también a mi salvación! ¡Gracias, Señor, por tan grande gesto de amor!

En la Epifanía, regresar por otro camino

Hoy celebramos la fiesta de la Epifanía, uno de los días más bellos del calendario, inmersos todavía en la alegría de la Navidad. Con las iglesias iluminadas, nos acercamos al pesebre acompañando a los tres Reyes Magos.
Melchor, Gaspar y Baltasar, tres hombres cuyos rostros simbolizan todo el pesebre de Belén, a todos los continentes, a todas las razas y a todos los pueblos. Estos tres hombres sabios de Oriente se dirigieron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella levantarse y nos postramos ante Él». ¿Me hago yo también esta pregunta en lo cotidiano de mi vida?
¿Quiénes eran estos tres personajes? ¿De dónde venían? En los Evangelios no se nos dice nada. No importa. Vimos su estrella levantarse. Estos hombres escudriñan en las estrellas los signos de los tiempos para intentar, sin fuerza y ​​sin armadura, alcanzar la estrella inaccesible de Belén. La gente que caminaba en la oscuridad vio que se alzaba una gran luz, la de un niño recién nacido recostado en un pesebre en Belén.
La epifanía es la manifestación pública de una persona relevante, de un héroe, de un jefe de Estado y, también, de un Dios. Mirando nuestras cunas, leyendo nuevamente el pasaje del evangelio donde se relata la presencia de los Magos, uno no se puede dejar engañar. El rey no es ni Melchor, ni Gaspar ni Baltasar, el rey es Jesús. Señor de señores. Rey de reyes. Un Rey que es más que un rey: es pastor de su pueblo.
Un Dios de amor y misericordia se revela al mundo. ¿Pero quién se lo dirá a los que no lo conocen? Como los Reyes Magos nos corresponde a los bautizados, a los cristianos, a los discípulos de Cristo. ¿No es esta nuestra vocación, nuestra misión?
Los tres magos fueron advertidos en un sueño de no regresar al palacio de Herodes y volvieron a su país por otro camino. Una invitación a no regresar a nuestros propios hogares por el mismo camino sino con un corazón renovado donde impere el amor, el perdón, la generosidad, la esperanza… saliendo de nuestras rutinas, de nuestros hábitos para avanzar por los caminos de la verdad y la autenticidad.
En esta tarea no estoy solo, los magos me preceden, María y José refugiándose en Egipto para salvar a Jesús de la furia de Herodes me preceden, el Espíritu Santo, iluminador de la vida, me precede. Es el momento de regresar por otros caminos, poner toda mi creatividad y mi imaginación al servicio de la proclamación del Evangelio.
Que este día me sirva para imitar a los magos de Oriente, almas humildes que peregrinan hacia Cristo, buscando un encuentro con Dios, viviendo interiormente cerca de Jesús para disfrutar de la bondad de Dios y su amor por los hombres.
¡Feliz fiesta de la Epifanía para todos los lectores de esta página!

MJS Xmas Art Three Kings

¡Queridos Reyes de Oriente, dadme vuestro valor, vuestra fe, vuestra humildad, vuestra valentía para salir al encuentro de Jesús, para arriesgarlo todo por Él, para seguir siempre las indicaciones de Dios, para ir en búsqueda de la verdad, para no cesar en el empeño de mi misión como cristiano! ¡Queridos Reyes de Orienta que a imitación vuestra no me de miedo defender la verdad, ir contra el pensamiento dominante, contradecir los principios equivocados de un mundo que quiere eliminar a Dios! ¡Que no deje nunca de contemplar el misterio del nacimiento de Cristo! ¡Que como vosotros no deje de preguntarme nunca dónde está el rey de los judíos para poder adorarlo! ¡Queridos Reyes Magos que como vosotros sea un hombre en busca de algo más que lo mundano de esta sociedad, que sea capaz de buscar la luz verdadera, la luz que indica el camino de la santidad! ¡Que como vosotros me deje guiar siempre por los signos de Dios! ¡Que siguiendo como vosotros la estrella de Belén encuentre la huella de Dios en mi vida! ¡Que como vosotros sea capaz de ver la grandeza de la creación, la sabiduría de Dios, el amor tan grande que siente por nosotros! ¡Ayudadme a ver la belleza del mundo y su enorme grandeza para que, contemplándola, pueda ver al mismo. Dios! ¡Que como vosotros sea capaz de leer en las Sagradas Escrituras para comprender que la estrella verdadera es la Palabra que viene de Dios que nos trae la verdad! ¡Y a ti, Señor, te pido que imitando a los Reyes Magos pueda acudir cada día a Ti con las manos llenas del oro del amor, el incienso del perdón y la mirra de la misericordia!

De Johann Sebastian Bach escuchamos hoy esta cantata para la solemnidad de la Epifanía: Sie werden aus Saba alle kommen, BWV 65 (Todos vendrán de Saba):

Enseñanzas de tres reyes magos

Viajan tres Reyes de Oriente cuando nació Jesús, en Belén de Judea, y se presentan en Jerusalén y preguntan a Herodes: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo».
La figura de estos tres reyes me invita a tomar conciencia de varios aspectos que afectan directamente a mi propia vida. Me enseñan, primero, que debo estar siempre atento porque Dios aparece en el momento menos inesperado. Esto requiere predisposición en el corazón y apertura en el alma y en la mente porque si todo lo tengo ocupado en preocupaciones baladís, en la riqueza exterior y en la autocomplacencia o en lo que me obsesiona Dios no puede realizar su signo en mi interior. Solo cuando uno se mantiene vigilante es capaz de distinguir la Estrella que lleva a Belén.
Los magos son unos inconformistas. Han vislumbrado un signo que les lleva a descubrir otro signo. Eso te hace comprender que la vida del creyente exige largas caminatas que requieren esfuerzo y compromiso para defender la verdad y la autenticidad. Vivir el Evangelio desde el amor. Cuando uno se compromete con el Evangelio es capaz de distinguir la Estrella que conduce a Belén.
La grandeza de aquellos reyes sabios es su humildad. No están revestidos de arrogancia ni desean imponer su visión del Evangelio. Tienen una certeza y esa certeza vive en su interior. Dios da la luz, incluso en la oscuridad del desierto. Aquellos tres reyes se cuestionan todo a la Luz de Dios porque son conscientes de que el Evangelio exige reflexión e interiorización, intercambio y mucha oración. No se avergüenzan de acudir al otro, de pedir ayuda y consejo porque lo que desean es poner en práctica el Evangelio. Cuando uno es capaz de preguntar y cuestionarse las cosas más sencillas es capaz de distinguir la Estrella que lleva a Belén.
Y lo más hermoso. Para alcanzar aquel pesebre humilde y sencillo donde mora el Niño Dios están dispuestos a entregar sus bienes más preciados. En sus cofres llevan oro —que honra a Cristo como Rey—, incienso —que honra a Cristo como Dios— y mirra —que honra a Cristo como Hombre y Mesías que sufrió y entregó su vida por nosotros— pero lo importante es que ofrecen su propio ser. Se entregan a si mismos para que la humanidad entera por medio de la entrega personal se maraville de la presencia de Dios y encuentren señales en todos los rincones de la tierra. Y eso te permite comprender que cuando uno está preparado para darlo todo, entonces puede ver con claridad la estrella que ilumina el portal de Belén. La estrella que te permite adorar cada día al mismo Dios.

orar con el corazon abierto

 

¡Niño Dios, quisiera en unos días presentarme ante ti como hicieron los reyes llegados de Oriente en profunda adoración! ¡No permitas, Señor Jesús, presentarme en el portal de Belén con las manos vacías sino con la ofrenda de mi propio ser! ¡Que pueda ofrecer mi oración sincera, mi entrega desinteresada, mis sacrificios por amor, mi humildad plena, mi generosidad llena! ¡Que sepa, Señor Jesús, contemplarte en los que me rodean! ¡Quiero ofrecerte lo mejor de mi, mi corazón, mi amor, mi mente, mis palabras, mis sentimientos, mis actos, en definitiva, todo mi ser! ¡Quiero postrarme como hicieron los Reyes Magos con el corazón contrito y alegre, unirme a la felicidad de María y José y de los pastores! ¡Quiero ser uno contigo, Señor, marcado por el amor y la entrega generosa a los demás! ¡Quiero, Señor, que en el momento que me arrodille ante ti en el pesebre de Belén sanes mis rencores, mis dolores, mis enfermedades interiores, mis sufrimientos, mis heridas, mi falta de perdón, mis tentaciones, mis faltas de amor! ¡Como los Reyes Magos, Señor, quiero creer aunque no vea, quiero estar siempre pendiente de los signos de Dios en mi vida para reconocerlos siempre y aceptarlos por amor a Ti! ¡Que mi corazón, Señor, sienta la misma alegría que sintieron los Reyes Magos al verte en el pesebre de Belén y aprenda a valorar el gran amor que Dios siente por cada uno de nosotros! ¡Ayúdame, Señor, a ser estrella que acerque a los demás a Ti que eres la luz que ilumina, la paz que llena el corazón y la alegría que transforma nuestra vida!

We Three Kings, bellísimo canto para el día de hoy:

Unido al sufrimiento del inocente

Hoy celebramos la festividad de los Santos Inocentes. Días antes del nacimiento de Cristo cientos de niños en Belén fueron asesinados por orden de Herodes. Aquellos niños se consideran los primeros mártires que mueren en nombre de Cristo. Herodes, embebido de orgullo y maldad, de soberbia y ambición, quiso acabar con Jesús antes incluso de haber nacido. Este acontecimiento anuncia, antes incluso de su nacimiento, la Pascua de Jesús.
Celebramos esta fiesta de muerte en medio de las fiestas en que todo es alegría y vida. Entre el nacimiento en Belén y la adoración de los Reyes de Oriente. Esta conmemoración te recuerda que cuando contemplas el misterio de la Encarnación de Cristo lo haces siempre teniendo presente su Pascua, es decir, su entrega amorosa por la salvación del hombre. Y la necesidad de entender que seguir los planes de Dios requiere una disponibilidad no siempre fácil de aceptar y asumir.
Mi corazón se une hoy al sacrificio de estos niños inocentes y de tantos hombres y mujeres cristianos que en nuestro mundo mueren por la causa de Cristo, sometidos a persecución, a la maldad humana y que al no renunciar a su fe vivifican el misterio pascual del Jesús. Y, de manera extraordinaria, se convierten en testimonio de verdad, de fidelidad y de testimonio en nombre del Señor. Estos mártires inocentes en realidad proclaman con alegría la gloria pascual; y lo testimonian dando su vida en una auténtico compromiso de fe. ¡Testimonian que el seguimiento de Cristo implica dar la propia vida en pos de la verdad!
Hoy es un día para sentirse solidario con los hermanos en la fe que sufren persecución. Un día para amarlos con el corazón. Un día para confesar nuestra propia fe, para poner al descubierto lo que de verdad creemos y profesamos y manifestarlo a los demás. Con hechos y no con palabras. Con nuestras obras y nuestro ejemplo. Se trata de ser, como aquellos que se han mostrado fieles a la verdad del Evangelio, testigos auténticos de la fuerza del Espíritu Santo sobre cada uno de nosotros. Testigos de Jesús, testimonios cristianos que actúan con la fuerza del amor.

orar con el corazon abierto

¡Espíritu Santo otorga a todas las comunidades cristianas perseguidas el don de la fortaleza y la piedad para que sean perseverantes en la fe, que no tengan miedo ante la persecución y la discriminación, que alivien su dolor con la esperanza y la oración! ¡Confórtales con tu amor y dales el aliento necesario para superar la adversidad! ¡Dales, Espíritu Santo, la fortaleza inquebrantable de la fe! ¡Influye también, Espíritu de Dios, en todos los dirigentes políticos y en su perseguidores para que se comprometan en el respeto a la libertad religiosa y desaparezca todo tipo de persecución! ¡María de Belén y de Nazaret, esposa de José, Madre dolorosa, modelo de fe y esperanza, te encomiendo a todas las mujeres que sufren el dolor de haber abortado y a sus bebés abortados, dales tu cuidado maternal! ¡Perdona, Dios bueno, a los padres que abusando de la libertad destruyen el don de la vida que Tú nos has dado! ¡Perdona a los que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan! ¡Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad! ¡Quisiera en este día, Padre, adoptar espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, mis sufrimientos, mi trabajo, mis alegrías, mis anhelos, por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria! ¡Quisiera hacer mío el sufrimiento de los niños abandonados por sus padres, los niños que no gozan del cariño paterno, de los niños que mueren de hambre en manos de padres impotentes ante esa injusticia, de los niños de la guerra, víctimas inocentes de la prepotencia de los nuevos Herodes, de los niños que sufren el turbio poder del abuso o el tráfico sexual! ¡Hazme ver, Señor, la vida con una dimensión espiritual para no caer en el pecado de la soberbia como le ocurrió a Herodes y cuyas consecuencia es la muerte de sangre inocente!

De la mano de Michael Haydn nos acordamos de los niños inocentes con este Laudate Pueri Dominum:

De Belén al Calvario

La alegría de la Navidad sigue presente en el corazón. Apenas han transcurrido unas horas de la festividad en la que uno se une a los alegres coros angélicos para cantar la gloria del nacimiento. La esperanza de experimentar el sentirse amado por el Niño que ha nacido. La paz que vivifica el corazón tantas veces roto por la dificultades y el sufrimiento.
La Sagrada Familia de Nazaret nos ha recibido a las puertas del portal y ha acogido la pequeñez de nuestra vida porque esa es la más grande ofrenda que uno puede ofrecer al Hijo de Dios hecho carne. Somos como los pastores del siglo XXI, postrados con nuestra pobreza ante el portal por amor a Cristo.
Sin embargo hoy, festividad de san Esteban, a la vuelta de la Navidad, la Iglesia celebra un martirio atroz. El primer martirio de un seguidor de Cristo. ¿Quiere la Iglesia aguarnos la fiesta, que dejemos de sentir alegría por un hecho tan extraordinario? En realidad, San Esteban por testimoniar la verdad de lo que vivió padeció un muerte maritirial que le llevó a disfrutar directamente de la gloria eterna. De la tierra al cielo para toda la eternidad. De la muerte a la resurrección de la vida.
Y eso me permite comprender algo extraordinario. La recóndita cueva de Belén, espacio de vida, está estrechamente vinculada a un lugar de muerte, el monte Calvario. En Belén, Cristo viene a darse a si mismo en un mísero pesebre para el ganado, un pesebre que en realidad es trono de vida. En el monte Calvario, el trono es una cruz de madera en la que Cristo se da a si mismo para la redención del hombre. En ambos lugares Dios demuestra su amor por el ser humano dando a su propio Hijo en la vida y en la muerte. Es la enorme generosidad de Dios con el hombre. Esta es la categoría de su amor supremo.
San Esteban vivió la realidad de estos dos mundos. El amor fiel que se vive por el Cristo nacido en el portal de Belén y el testimonio de amor que se vive en el morir por Jesús. En los dos casos el núcleo es el amor. Y este es el símbolo de la Navidad. Se trata de impregnar cada acto de nuestra vida de amor. Y ese amor debe ser un amor alegre, generoso y misericordioso. Un amor que debe crecer en lo cotidiano de la vida desde lo más íntimo de cada uno para que cada palabra, cada gesto, cada sonrisa, cada mirada, cada pensamiento, cada sentimiento… sea testimonio de ese Jesús que nació para amar y murió por amor.

orar con el corazon abierto

¡Señor, Dios hecho Hombre, concédeme la gracia de tener un corazón tan ardiente como el de san Esteban, firme en la fe, lleno de amor! ¡Ayúdame a no tener miedo a testimoniar que eres el verdadero Dios! ¡Ayúdame a testimoniar el amor, la caridad, la misericordia y el perdón en mi entorno familiar, social y laboral! ¡Envíame tu Santo Espíritu, Señor, para ser testimonio de Ti, comprometido contigo, ser alma y corazón contigo! ¡Ayúdame a ser testigo en este mundo que tanto te niega de que creo en Ti, espero en Ti, confío en Ti! ¡Que mis palabras sean sabias, que mis actos sean coherentes, que mi testimonio sea auténtico, que mi anuncio sea valiente! ¡Que no tenga miedo de proclamar quien eres, Señor, Jesús, el hijo de José y de María, el Hijo de Dios hecho Hombre, que has venido a este mundo para salvarnos del pecado e invitarnos a caminar por las sendas de la santidad! ¡Dame, Espíritu Santo, el mismo valor que tuvo san Esteban para defender sus principios; que seas Tú quien me dirija y me guíe! ¡Concédeme, Espíritu de Dios, un corazón hecho para amar, una vida comprometida con el amor y unos gestos que sirvan para servir a los demás por puro amor!

Un villancico árabe para este camino hacia la Navidad:

Una noche para abrir el corazón a la misericordia

¿Hay un momento más hermoso en la preparación para la Navidad que la instalación del Belén? Este gesto es parte de nuestro universo cultural, nuestra tradición cristiana. Es un signo de esperanza y paz para todos los hombres de buena voluntad.
Sacamos de la caja con cariño el buey y la mula, los ángeles y los pastores; los Reyes Magos y la estrella que los guía, a María y a José, y al niño, Jesús, y a una retahíla de personajes que cada año agregamos al escenario del pesebre familiar.
Así que hoy es un día para salir de nuestra propia caja e insertarse en el pesebre de nuestra vida y escuchar en nuestro corazón el mensaje alegre del ángel: ¡Hoy ha nacido un Salvador que es Cristo, el Señor!
Y como en aquella noche oscura, somos como aquellos hombres que pasaban la noche al raso guardando sus rebaños. En este días estamos envueltos en la luz de Dios, en la gloria del Señor, camino del establo donde tuvo lugar el nacimiento de Dios recostado en el pesebre.
Nosotros, esta noche, también vamos a peregrinar. Lo haremos a la iglesia porque para los cristianos la Palabra de Jesús cuenta en nuestras vidas. Esta noche iremos a orar, a adorar al Niño Dios en el pesebre de la Santa Misa de Nochebuena.  Nos uniremos con tantos otros que tienen la esperanza de que, caminando en la oscuridad, vislumbran la luz de Dios.
Somos conscientes de lo que sucede en Navidad en una gran parte del mundo: comilonas, regalos y consumismo. Pero al llegar esta noche al templo, nos encontraremos con tantos que se vuelven a Dios en oración con estas palabras sencillas: ¡Ven, Señor Jesús!
Hoy es el día para rezar por todos aquellos en el mundo que no ven la luz, que están tristes y desesperados, que su vida no tiene sentido, que la miseria les impiden alimentar y educar a sus hijos, que como María y José son refugiados y han tenido que huir como lo hicieron ellos para escapar de la violencia de Herodes que buscaba matar a su hijo. Es un día para pensar en los que que viven tiempos difíciles porque les falta trabajo, porque sus familias están rotas, porque están solos y olvidados. ¡Hay tantos males que afectan al ser humano en las profundidades del corazón!
Orar para que la Navidad, sean cuales sean las circunstancias, se convierta en un día de tregua, un día para volver a tomar aliento y esperanza, un día para que la alegría sea como una pequeña luz que brilla en la noche, una pequeña luz que se convertirá en un gran fuego de esperanza.
Una noche para abrir el corazón a la misericordia. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia. Para ser misericordioso hay que tener un corazón sensible, un corazón abierto a las pruebas de aquellos que se cruzan en nuestro camino, de aquellos que comparten esta tierra con nosotros.
La de Belén es como una cuna llena de su misericordia que Dios Padre envió a la tierra. Una cuna modesta que dice la tradición tenía solo un poco de paja. Allí estaba un niño recién nacido a quien se le dio el nombre de Jesús, lo que significa que Dios salva. Jesús es la misericordia de Dios, el corazón abierto, el amor de un Padre que da a su hijo al mundo. Jesús es la misericordia de Dios porque es el Príncipe de la Paz.
Paz, amor y felicidad a todos con Jesús en el corazón. Santa y feliz Nochebuena a todos los lectores de esta página. Que esta Navidad se convierta en una promesa de paz y de justicia, de esperanza y de amor, de perdón y de alegría. ¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra paz a los hombres de buena voluntad, a quienes Jesús ama para que seamos capaces de dar amor!

orar con el corazon abierto

¡Señor del cielo y de la tierra, que esta noche que se presenta, santa noche en la que vienes a nacer para salvarnos de nuestras miserias, quiero darte gracias por tu amor infinito! ¡Te doy, gracias Señor, por mi familia, por mi hogar, por mis amigos, por las personas que colaboran conmigo; que todos tengamos abierto el corazón para recibirte y hacerlo con amor, esperanza y alegría! ¡Señor, te pido de corazón que vengas a mi, que te abra la puerta cuando llames, que yo también pueda regalarte humildemente mi amor! ¡Gracias, Señor, por esta noche de paz y de amor en la que tu amor infinito y misericordioso nos bendice! ¡Hazme entender, Señor, que es lo importante de mi existencia como cristiano! ¡Ayúdame a acogerte con un corazón de niño!¡Te pido hoy, Señor, por todas las familias del mundo para que reine en el corazón de sus miembros el amor y la paz! ¡Lleva, Señor, tu que eres la Paz y el Amor, la paz, la armonía, la buena disposición de espíritu entre todos los miembros de nuestras familias! ¡Haz, Señor, que cesen las discordias y las diferencias, los rencores y las indiferencias y en su lugar trae la generosidad de sentimientos y el amor! ¡Señor, Tú viviste en una familia en la que por encima de todo el ambiente estaba impregnado de amor, servicio y generosidad! ¡Haz que cada uno de nuestros hogares esté impregnado de este ambiente y que se convierta en una morada de tu presencia, en lugares de acogimiento y paz! ¡Que todos, padres e hijos, se sientan siempre amados y se aleje de ellos la ingratitud, el egoísmo y el desdén! ¡Y hoy, Señor, cuando te adore en el pesebre que tenga presenta a tantas personas que no te conocen, te rechazan o no tiene las comodidades necesarias en este mundo a veces tan duro y tan cruel! ¡Líbranos, Señor, de  tanta vanidad mundana y tanta ambición que roba la poca bondad de nuestro corazón! ¡Y a Ti, María, Reina de las familias, enséñanos a amar!

Hermosísimo para esta noche este fragmento del Oratorio de Navidad de Heinrich Schütz:

¿Que representa Belén para mi?

Mis pasos se dirigen pausados y serenos hacia Belén. Para este peregrinar hacia la cueva donde nacerá el Niño Dios no puedo ir con las cargas del año a mis espaldas. Algo tiene que cambiar en mi interior. Mi mochila debe estar ligera, sin el peso de las amarguras, el orgullo, la soberbia, los sufrimientos, los problemas, la autosuficiencia y tantas otras cosas que puedan hacer cansino el camino y que, incluso, me pueden llevar a renunciar a llegar hasta allí.
Por eso me pregunto hoy que es lo que estorba de mi vida y qué debo aligerar, que debo aparcar de mi interior para ir hacia el portal con un corazón nuevo.
El portal de Belén no es un establo donde reposa el Niño Dios. Belén es el propio corazón donde vive el Niño Dios. Belén es dar integridad a mi ser personal, a mi esencia como ser humano. Belén es mi capacidad de amar, de darme a los demás, de tener caridad y no criticar ni juzgar, de servir con generosidad, de trabajar bien por amor a Dios, de preocuparme por el prójimo, de repartir alegría y felicidad, de contagiar optimismo, de optar por el bien, de respetar la individualidad del otro, de orar hasta desfallecer, de interceder por el que sufre, de amar incluso al que no te quiere bien, de perdonar, de comprender… Belén es sentir al amor que Dios tiene por mí. Es valorar ese nacimiento del Niño Dios como un gran regalo para la humanidad. Es sentirse hijo amado de Dios.
Belén es tener un corazón abierto al amor de Dios. Un lugar abierto a la esperanza en la que no quepa la cerrazón, el bloquear las puertas para quedarse en el yo. Es abrirle al Niño Dios las puertas de par en par; es ser uno con Jesús de Nazaret, con su Palabra, con sus mensajes, con su Buena Nueva, con su Evangelio.
Belén es ser consciente de que Dios ha nacido en mi pesebre interior y se ha hecho realidad en mi propia vida. Belén es constatar, de manera maravillosa, que Dios mw necesita —¡qué aparente contradicción!— para la salvación del mundo. ¡Por eso camino hacia Belén porque sé que el Señor está presente y vivo, es realmente un «Dios con nosotros», un Dios que ha entrado en el mundo y quiere estar junto a mí acompañándome en el camino de la vida!

orar con el corazon abierto

¡Señor, me acerco al pesebre de Belén en al que te haces humilde para recibirnos en el corazón! ¡Me acerco a adorarte, Niño Dios, envuelto en pañales en la mayor humildad para aprender de Ti! ¡Te adoro, Niño Dios, por haber nacido en Belén para mostrar el gran amor que sientes por el ser humano! ¡Te amo, Niño Dios, y mi deseo es amarte cada día más, entregarme más a Ti, parecerme más a Ti! ¡Te doy gracias, Niño Dios, porque has venido a iluminar con tu presencia mi oscuridad, permíteme comprender que eres, a pesar de tu pequeñez, el Dios Amor! ¡Te doy gracias, Niño Jesús, porque eres la Paz que viene a sanar las heridas de mi corazón, a limpiarlo de rencores, orgullo, miedos, soberbia, resentimientos, heridas… haz que mi corazón de piedra se convierta en un corazón de carne, amoroso y humilde como el tuyo! ¡Hazme, Niño Dios, mensajero de tu amor, de tu paz, de tu esperanza y tu misericordia, hazme heraldo vivo de Tu Buena Buena y de Tu Palabra! ¡Concédeme la gracia, Niño Jesús, de encarnarte en mi! ¡Ilumina mi corazón, Señor, porque quiero ser también luz que ilumine el mundo para dar testimonio de tu verdad y de que has venido al mundo por nuestra salvación! ¡Niño Dios, has nacido de una Virgen pura, concédeme la pureza de intención y limpia mi corazón, mi mente y todo mi ser para que pueda ser imagen tuya en este mundo donde reina la maldad! ¡Gracias, Niño Dios, porque nos das la vida para vivirla con intensidad y rectitud, ayúdame a vivir conforme a tu voluntad! ¡Hospédate, te lo ruego, en mi corazón!

Camino de Belén, un hermoso villancico con la voz de Niña Pastori:

¿Por qué me gusta la Navidad?

¡Me encanta la Navidad! Cada año renueva mi espíritu. Me encanta porque en mi país los días se acortan pero mis pensamientos se ensanchan proyectando luz hacia el 25 de diciembre.
Me gusta el frío que me permite refugiarme en la calidez de mi hogar y me gusta la oscuridad de la noche de la ciudad que le da a sus calles, decoradas con luces multicolores, la apariencia de una ciudad mágica y festiva. Me gusta porque mientras caminas por sus calles descubres también el camino de la alegría.
Me gustan los chocolates que salen cada día del calendario de adviento acompañado de un papelito con el propósito del día y la oración por una intención. Y, aunque no estoy sometido al consumismo de estas fechas, me gusta ver las tiendas engalanadas de luces y decoración navideña.
Me encanta la música de los villancicos tradicionales y las cantatas barrocas de Navidad que regocijan el corazón y baña de felicidad mis oídos y te permite cantarle al Niño Dios frente al Belén que has montado con esmero en el salón de casa.
Me encantan los cuentos de Navidad porque tienen siempre un final feliz y te calientan el corazón que tanta frialdad tiene habitualmente.
Me gusta la Navidad por las sabrosas galletas navideñas que preparamos cada año en este tiempo,
Me gusta el tiempo de engalanar el árbol de Navidad en familia, el ritual de comprar cada año una figurita para el pesebre y su planificación cuidada y minuciosa para superarse cada año con creatividad e imaginación.
Adoro la Navidad porque me permite encontrarme con el alma de mi familia, con sus dificultades y alegrías, con sus problemas y sus esperanzas.
Adoro la Navidad porque satisface mi necesidad para el asombro, la inocencia, la generosidad, la bondad y el servicio. La Navidad responde a esa necesidad intrínseca para lograr un mundo donde reine la justicia, la paz, la esperanza y la alegría.
Me gusta la Navidad porque es un tiempo para hacer limpieza interior. Porque al igual que hay que recoger los adornos, recoger los restos de musgo seco que caen de la mesa, guardar la corona de adviento y ver como se desaparecen las luces alegres de las calles, uno tiene que guardar en el corazón a Dios para que permanezca en su interior dando luz lo que resta del año.
Amo profundamente la Navidad porque para mí tiene una fragancia de eternidad.
Me gusta la Navidad porque se convierte en un itinerario por diferentes iglesias de mi ciudad para honrar a Jesús visitándolo en los pesebres de los templos.
Amo la Navidad porque me produce todavía asombro y alegría deleitarme con esa historia extraordinaria del Nacimiento de un Dios hecho Hombre, nacido de una joven virgen de Nazaret que dio el más hermoso en la historia de la humanidad.
Me gusta la Navidad porque me deleito contemplando a ese Niño, nacido en la pobreza de un desvencijado portal siendo el rey del Universo, y que permanece junto al hombre hasta su muerte en la cruz con el único fin de llevar al ser humano la salvación eterna. Me gusta por esa necesidad de bondad, repleta por el amor de Dios que ofrece a los hombres el mayor regalo que jamás haya existido: la vida eterna a través de su Hijo Jesús.
Me gusta por la magia de los Reyes Magos que me invitan a adorar al Niño Rey.
Me encanta la Navidad porque es un tiempo de paz, ese deseo tan ardientemente propagado por los ángeles, disponible para todos los que sueñan en su corazón hacerlo con Dios.
¡Adoro la Navidad! Es el tiempo de la alegría, presente en cada recoveco de la historia bíblica. Alegría de María, alegría de José, alegría de los pastores que pasan del temor a la adoración, alegría del sabios Reyes de Oriente guiados por una estrella hacia Belén, alegría de los ángeles que cantan el nacimiento de un Salvador… alegría desbordante de todos aquellos que desde hace miles de años alabamos cada año desde el corazón al Dios de la esperanza, de la misericordia y el amor.
Me encanta la Navidad. Adoro la Navidad. Amo la Navidad. Me permite vivir este tiempo con el corazón abierto a Dios en lo cotidiano y sencillo de mi vida.

orar con el corazon abierto

¡Gracias Niño Jesús por venir a traernos la sonrisa de Dios a este mundo tan necesitado de ti! ¡Gracias, Niño Jesus, por venir a ofrecer la alegría de Dios a todos los habitantes de este mundo! ¡Gracias, Niño Jesús, por llevar a nuestra vida el amor de Dios! ¡Gracias Niño Jesús por que me permites ver en tu rostro aniñado el auténtico rostro de Dios! ¡Gracias, Niño Jesús, por quedarte entre nosotros, por manifestar por medio de tu presencia la ternura de Dios con nosotros!  ¡Gracias Niño Jesús porque tu cuna está abierta para la humanidad entera, para que todos podamos venir a adorarte! ¡Gracias, Niño Jesús, porque me enseñas que naciendo en un pobre establo quieres que el secreto de Dios nazca profundamente en mi corazón! ¡Gracias Niño Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, porque desde el primer momento de tu concepción nos invitas a ver la mirada amorosa de Dios y alabarlo contigo! ¡Gracias Niño Jesús por ese firme deseo de unirte a mi, por este proyecto de amor que es nacer en Belén, por perdonar mis resistencias y por permitirme dejarte vivir en mi! ¡Niño Jesús reúnenos a todos en torno a Ti, llévanos a todos en estos días de amor, en este amanecer de paz y esperanza que es este tiempo de Navidad para que nuestros corazones puedan encontrar refugio en el más dulce, amoroso y tierno corazón que eres Tu! ¡Niño Jesús, ven a las almas que te estamos esperando gozosas ante el pesebre de nuestro corazón!

Con Haendel, honramos al Niño Dios con uno de los coros más hermosos de su oratorio de Navidad:

La pobreza que propone Jesús en Navidad

Un niño recién nacido es, ante todo, fragilidad. Su aspecto delicado intimida. Necesitas cuidarlo porque no se vale por si mismo, depende por completo del amor de los padres o de la persona que está a su cargo. En el día del nacimiento de Cristo, María y José estaban solos. No tenían familiares, ni amigos, ni vecinos, ni conocidos que pudieran ayudarles. En la pobreza de Belén, en el intenso frío de la noche, un poco de paja, un asno y un buey; en la oscuridad de aquel pesebre a las afueras de la aldea aquellos dos peregrinos no tenían de dónde sacar agua para lavar al niño, ni una estancia confortable donde calentarle. La pobreza del nacimiento del Niño Dios, un niño que nace necesitado de todo y solo reclama nuestro amor, es tan profunda y sencilla que se convierte en virtud.  En este cuadro excepcional elige Dios dar inicio a la era cristiana.
Días de fragilidad que ponen en el cuadro de la vida, en el marco de mi corazón, la imagen de que Dios es comunión de amor y que la comunión se fundamenta y necesita de la pobreza, del vaciamiento de sí para, por amor, transformarse en donación al otro.
Tiempo de recuerdo para los que más lo necesitan, en lo material y lo espiritual. Jesús, de manera voluntaria, compartió con todos la pobreza de la vida. Se hizo pobre, en la pobreza, por el ser humano consciente de que con los necesitados y desde los necesitados es factible caminar hacia una sociedad del amor.
La pobreza elegida por Jesús de manera voluntaria demuestra que Dios se pone siempre al lado del débil, del desamparado, del pobre, del necesitado. Incluso los primeros actores del pesebre de Belén son pastores sencillos y humildes que nos conquistan por su sencillez y su disponibilidad. Dios les elige a ellos para darles la Buena Nueva del nacimiento de su Hijo. Son los primeros adoradores porque su alma está bañada por el perfume efectivo del bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Cuando el corazón es pequeño, uno es consciente de la pequeñez, cuando nos sentimos orgullosos de ser lo que somos sin más pretensiones que recibir la grandeza del amor de Dios en el corazón, nos convertimos en pesebres del Niño Dios, un lugar donde Él quiere quedarse y reposar. Así, es posible trazar el camino para el otro. Somos como sus profetas, discretos y humildes. Somos luz tenue de su presencia; esa es nuestra misión.
Se trata de dar espacio en el corazón al desprendimiento del yo, a evitar estar llenos de nosotros mismos. Cuando uno se muestra satisfecho de si mismo, cuando le ocupa más el hacer que el dar, cuando no tiene cabida la necesidad del otro, no cabe entonces la necesidad de Dios. Así, la pobreza evangélica que propone Jesús en esta Navidad no tiene relación con el abandono de lo material sino en dar a nuestra vida una forma sencilla, de apertura, de vaciarse de uno mismo, de donación, en que la renuncia a lo superficial y lo innecesario, se convierta en testimonio y condición necesaria de la auténtica pobreza de la comunión. La condición de pobre, espiritualmente hablando, es condición indispensable para ser aquello que el hombre está llamado a convertirse: donación por amor.

orar con el corazon abierto

¡Señor, tu me invitas en este tiempo a vivir la pobreza, a vivir y amar la pobreza del desprendimiento del yo, del abandonar la búsqueda exclusiva de lo material, del reclamar el reconocimiento de los demás, de la necesidad de consumir! ¡Con tu venida, Señor, me enseñas la importancia que tiene para ti el espíritu de pobreza, siendo desprendido aunque en mi vida no me falten los bienes! ¡A ejemplo tuyo, Señor, no permitas que mi corazón se apegue a las riquezas mundanas sino a la pobreza de espíritu! ¡Ayúdame, Señor, a mortificar mis apegos, mis comodidades, mis necesidades, mi superficialidad, mis intereses! ¡Ayúdame a saber utilizar bien los bienes de los que dispongo y vivir en la sencillez de lo cotidiano! ¡Concédeme la gracia de ser generoso, predispuesto al otro, a ser sensible a la necesidad del prójimo, a dejar que mi corazón se conmueva por la necesidad del que sufre! ¡Ayúdame, Señor, a aprender de ti, a abrir mi corazón a la caridad y la generosidad, a la donación y al amor, a dar sentido auténtico a mis gestos y mis palabras, a hacerlo todo por amor! ¡Hazme comprender, Señor, que quien escasamente siembra, con dificultad recogerá frutos, pero que siembro a manos llenas, a manos llenas recogeré! ¡Concédeme la gracia, Señor, de amar y darme a los demás con alegría para dar luz a mi alrededor! ¡Que ser la luz de tu presencia sea mi misión! ¡Ven, Señor, y no tardes en llegar a mi pobre corazón!

Cuatro bellos motetes de Francis Poulenc para el tiempo de Navidad: