¡Un amor que puede hacer que nuestras vidas sean verdaderas y benditas Eucaristías!

Me regocijo cuando leo el Evangelio. Es un canto permanente al amor, a la amistad, a la vida… Pasajes repletos de testimonios de amistad sincera, de renuncias, de encuentros inesperados que transforman corazones. Las lágrimas de Jesús en la tumba de Lázaro, el salto del pequeño Juan en el vientre de su madre cuando ésta se encuentra con la Virgen también encinta; el mismo Juan lleno de alegría en las aguas del río Jordán al escuchar la voz de su primo; en el otro extremo del Evangelio con el “¿Me amas?” de Jesús a san Pedro y la respuesta firme de este: ¡Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te amo!”; los encuentros con el centurión, la mujer samaritana, el encuentro con María Magdalena… Si seguimos el camino de la amistad a lo largo del Evangelio, nos convertiremos en amigos de Jesús y haremos, con Jesús, muchos amigos.

La amistad que Cristo comparte con sus apóstoles me impresiona sobremanera. Esa ternura especial con san Juan, el discípulo amado, al que le encomienda hacerse cargo de su Madre; con la fuerza de una amistad incondicional, incluso podría decirse obstinada, por Judas… en el mismo momento en que el apóstol le traiciona y está a punto de entregarlo, lo llama ¡mi amigo! Y Él, Jesús, va a renunciar a su vida por él y por cada uno de nosotros dejando patente que no hay amor más grande que dar su vida por sus amigos. Incluso en la desesperación Judas, cuando es consciente de la locura de haber traicionado al Amigo, se produce un emotivo testimonio de amistad. ¡Sorprendente!

Las amistades que se nos dan para vivir diariamente y que tratamos de escribir día a día de nuestras vidas son, en general gracias del Evangelio, pero quizás deberíamos evangelizarlas más. ¡Debemos asegurar el sabor del Evangelio en cada una de nuestras amistades! Gratitud, escucha atenta, generosidad, humildad, entrega, servicio, recuerdo del amor en Dios nuestro Padre, corazón universal, un amor de amistad que podemos extraer de cada Eucaristía, que podemos recibir del mismo Corazón de Jesús, nuestro Amigo, amigo de todos. ¡Un amor que puede hacer que nuestras vidas sean verdaderas y benditas Eucaristías!

¡Señor, quiero imitarte en tu relación con tus amigos; abrirles el corazón y llenarme de su amistad! ¡Te pido, Señor, que bendigas a cada una de las personas que quiero, a mis amigos, y revélate en cada uno de ellos con tu amor, tu misericordia y tu poder! ¡Señor, envía sobre ellos tu Santo Espíritu para que se convierta en el guía de su vida! ¡Cuando sufran, Señor, o tengan dificultades del tipo que sea, conviértete tu en el sostén de su vida y dales paz en el corazón! ¡Cuando en sus vidas, las dudas aparezcan y la incerteza se asiente en su corazón, llénalos de confianza y dales mucha fe para que desistan del camino! ¡Cuando el cansancio haga mella en su vida, dales la fuerza para resistir los embates de la vida! ¡Cuando el miedo se presente en su vida, revélales tu cercanía y hazles ver que caminas a su lado y nunca los abandonas! ¡Señor, bendice con tu amor a cada uno de mis amigos, bendice sus esperanzas, sus alegrías, sus penas, sus dudas, sus luchas, sus retos, sus sueños, sus travesías, sus incertezas, su vida espiritual, su vida familiar, sus trabajos! ¡Hazte presente, Señor, en sus vida como hiciste con cada una de las personas con las que te encontraste en cada pasaje del Evangelio! ¡Gracias, Señor, por escuchar mi oración!

¡Cultivar la gratitud!

En una discusión entre dos compañeros de trabajo —bronca, por cierto— en la que estoy presente uno de ellos se da la vuelta y se aleja enojado. El otro me dice: «creo que ha reaccionado así porque no es muy dado a cultivar la gratitud».
¡Cultivar la gratitud! Creo que tiene razón. La gratitud es una virtud que requiere un minucioso trabajo de jardinería. Plantar, podar, regar, cuidar. Tienes que preocuparte de que la tierra y el abono sean los adecuados. Debes evitar que el agua no ahogue la planta. Es necesario retirar las malas hierbas y procurar que reciban la suficientes vitaminas para crecer con viveza.
La gratitud es como la tierra fértil my unida en este caso al conocimiento de Dios. Cuanto mayor es la cercanía y el encuentro con Él, sintiendo su amor, más fácil resulta agradecerle todo cuanto acontece a nuestro alrededor. Así es más sencillo comprobar lo que hacer por mí y dar gracias por las personas que, en cada momento, va colocando a mi lado para hacer el bien. Con un conocimiento de Dios uno elimina, como con las malas hierbas, el rencor, la inquina, la envidia, los celos, el equiparse a los demás, el desprecio… y lo llena todo de gratitud.
Nadie puede decir que su vida sea fácil. Las preocupaciones y los problemas aparecen por cualquier rendija que permanece abierta. La gratitud, entonces, no depende de lo que vivo sino de mi relación con Dios. Si elijo cultivar la gratitud estoy cuidando de la mejor manera el jardín de mi corazón. Si por el contrario cultivo el resquemor solo permito que el jardín se llene por completo de hierbajos que se harán difíciles de podar.
Por eso deseo que mi jardín esté siempre resplandeciente, repleto de hermosos colores, para quienes se acerquen a él sepan que ese lugar es una permanente canción de gratitud.

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¡Concédeme, Señor, la gracia de tener un corazón siempre abierto al bien, a cultivar la gratitud, a ser caritativo y amable con los demás, a no dejarme llevar por la soberbia y el individualismo! ¡Te pido, Señor, un corazón abierto al bien que no sucumba a la tentación de pronunciar palabras ligeras, abrazos falsos, sonrisas vacías de autenticidad o perdones que no se sienten! ¡Ayúdame, Señor, a no construir mi vida a base de críticas, juicios, malas interpretaciones, enfados, enfrentamientos o conflictos con el prójimo! ¡Concédeme, Señor, la gracia de ser siempre flexible con el otro, fiel a mi compromiso con él, exigente pero al mismo tiempo amable! ¡No permitas, Señor, que mis actitudes estén precedidas por la ley del que más puede, de la astucia o del ser más pillo que el otro sino que todas mis acciones, palabras y gestos estén impregnados de sencillez, humildad, generosidad y libertad para hacer el bien, para que el ambiente sea agradable y no esperar recompensas a cambio! ¡Concédeme, Señor, la gracia de cultivar en mi corazón la nobleza para que todo esté impregnado de gratitud! ¡Te pido, Señor, que conoces mi pequeñez que sea sencillo en el dar y en el recibir! ¡Gracias, Señor, por tus enseñanzas! ¡Te invito a que seas el jardinero de mi jardín interior para que podes todo aquello que deba ser podado y no haya más que flores que dan luz, color y olor a mi vida para entregarla a los demás!

Gratitud

Una persona agradecida es alguien sereno y apacible. Aquellos que son agradecidos no lo son por naturaleza sino que han ido moldeando en su interior este habito. Son gente que saben dar gracias con independencia de las circunstancias en las que se encuentren. Observan para reconocer en lo que viven la presencia silenciosa de Dios, aunque no sean conscientes de ello. Y saben escoger siempre la mejor opción que es la que les lleva a tener una vida interior serena. Me pregunto hoy: ¿En qué medida soy agradecido? ¿Soy capaz de observar para agradecer? ¿Acierto al escoger? ¿Están mis gestos llenos de gratitud?
Pienso en la multitud de escenas que aparecen en los textos de las Escrituras y que hacen referencia al poder de la gratitud. ¿Qué elemento fundamental tenía la oración de Daniel antes de ser devorado por los leones, o el grito de Jonás en el vientre de la ballena, o la recomendación de san Pablo en la carta a los Filipenses por señalar sólo algunos ejemplos? La acción de gracias. Acción de gracias que lleva consigo un elemento crucial. La paz. La serenidad interior. Esa paz que proviene de Dios y que sobrepasa todo entendimiento.
Todo sentimiento de gratitud tiene, a su vez, una enorme capacidad de sanación y de purificación porque gratitud ofrece la gratitud ofrece tanto al que da como al que recibe grandes dosis de afectividad y cordialidad.
La gratitud que se manifiesta a Dios en la oración por lo que vivimos, tenemos y experimentamos genera una paz que sosiega el corazón, una paz que evita que el alma se debilite y se irrite por lo que uno no posee. De ahí que la gratitud acerca al corazón del hombre esa paz que permite sobreponerse a todo tipo de sufrimiento y dolor que proviene de la adversidad, de la contrariedad, de los tropiezos y del fracaso.
La gratitud que se expresa en lo cotidiano de la vida implicar agradecer por todo lo que se posee, lo que se ha tenido y lo que se poseerá en el futuro.
Y de nuevo surgen las preguntas: ¿En qué medida soy agradecido? ¿Soy capaz de observar para agradecer? ¿Acierto al escoger? ¿Están mis gestos llenos de gratitud?

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¡Padre de Bondad, ante tu amorosa presencia, quiero darte gracias, quien disponer mi corazón, mi mente y todo mi ser para alabarte, para bendecirte y para glorificarte, para darte gracias! ¡Quiero, Padre, contemplar tu hermosura, tu santidad y tu bondad, quiero darte gracias por siempre, quiero que mis sentimientos hacia Ti sean siempre de gratitud porque tu me acompañas siempre en todos los momentos de mi vida! ¡Gracias, Padre, por aquellas personas que has puesto en mi camino que me han ayudado y me ayudan en momentos importantes de mi vida! ¡Ayúdame, Padre, a ser siempre agradecido! ¡Gracias, por amor, tu fidelidad y tu misericordia que no merezco tantas veces! ¡Gracias, Padre, porque cada día puedo sentir tu cercanía; donde a veces no brilla el sol en mi corazón tu eres la luz, cuando no he sido fiel a tu Palabra, ahí  estás tu para enderezar mi camino! ¡Señor, deseo experimentar tu mirada, sentir la presencia de tu Espíritu en mi corazón, unirme a ti en un solo corazón! ¡Y como en el salmo, Señor, darte gracias, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles, me postraré ante tu santo Templo,  y daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad, porque tu promesa ha superado tu renombre! ¡Gracias, Señor, porque Tu amor es eterno, Señor! ¡No abandones nunca, Señor, la obra de tus manos!

Cantamos dando gracias a Dios:

Comienza el anuncio de la Navidad

Hoy celebramos el nacimiento de San Juan Bautista. La importancia de esta fiesta es que su natalicio anuncia a otra persona, a Jesús, el Dios con nosotros.
No lo olvido. Solo restan seis meses para Navidad. Hoy es como una Navidad estival porque ¡Dios está con nosotros! aunque todos los días de la vida deberían ser Navidad para un cristiano.
La grandeza de Juan el Bautista está contenida en el nombre que recibió completamente nuevo contrastando con la costumbre familiar pues nadie en aquella familia llevaba ese nombre!
¿Qué le llevaron a llamarlo así? Juan anuncia novedades, representa la única novedad que permanece pues en el lenguaje de Jesús, Juan significa: «el que es fiel a Dios». Y cuando es así Dios da libremente. ¡Gratis! ¡Absolutamente gratis!
Juan anuncia la venida de Jesús que es el rostro humano de este don gratuito, de la gratuidad absoluta del Amor de Dios. Y aquí reside la gran novedad: Jesús, el único Hijo engendrado de Dios, nacido en un portal en Belén, ¡se convierten en el Dios con nosotros entregándose gratuitamente para la humanidad!
Y, sin embargo, la vida de Juan el Bautista se desenvolvió de una manera paradójica rompiendo los convencionalismo humanos: prefirió los lugares alejados, vivió en el desierto y, cuando se manifestó a las multitudes que acudían a él, no buscó la celebridad sino que desde un lenguaje directo, en ocasiones muy duro, exigía la conversión; san Juan se alejó de todo poder político, religioso y terrenal llegando a desenmascarar la hipocresía de los poderosos. Encarcelado, perseguido y decapitado, fue capaz de testificar la alegría que habitaba en su corazón y cuando se le preguntó «¿Quién eres tú?» no expresó su misión o la autoridad que había recibido de Jesús sino que prefirió expresar lo que no era: «No soy el Cristo, soy solo la voz de Aquel que llora en el desierto». ¡Qué manera tan hermosa, profunda y sencilla de preparar el camino del Señor!
San Juan Bautista solo desea que miremos a Jesús. Es el testigo de la Buena Nueva, de la novedad del Evangelio revelada a los pequeños, testigo del poder del Amor gratuito de Dios que se revelará en la debilidad, testigo de los caminos y los designios de Dios que tantas veces no coinciden con los nuestros.
Pero sobre todo ¡nos enseña a ser testigos de Cristo! El testimonio auténtico no llama la atención del que testimonio sino de Aquel a quien testifica, que es Jesús. ¡El que atestigua a Jesús no se preocupa de su éxito personal, del número de personas que logra alcanzar, sino de cómo en el silencio hacer llegar el mensaje de Jesús!
El día de hoy es un invitación a ser testigo auténtico de Cristo. A cuidar mi relación personal y de intimidad con la persona de Jesús. Procurar permanecer en la alegría de su amistad. Tratar de impregnar la palabra de Jesús, por el Evangelio, para que mis palabras, mis gestos y mi fe se hagan eco del eco que nos rodea.
Es un día para que el ejemplo y la vida de oración de san Juan me ayuden a ser fiel testigo, amigo y siervo de Jesús.

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¡Señor, abre mi corazón para que como tu fiel amigo, servidor y profeta san Juan sea capaz de predicar en mi entorno la Verdad que eres Tu! ¡Ayúdame, Señor, a ser testimonio de justicia, de amor, de entrega, de fe, de esperanza como fue tu amigo an Juan! ¡Que no me avergüence nunca anunciar tu Reino! ¡Envía tu Espíritu para que me de la fuerza y el valor para vencer aquello que me pueda parar de anunciar tu Reino y que me otorgue la sabiduría para saber llegar a los demás! ¡Señor, concédeme la humildad que caracterizaba a san Juan Bautista y la fidelidad para cumplir siempre tu voluntad, la sencillez para actuar acorde con los preceptos de Dios, para desaparecer a los ojos del mundo para que solo resaltes tu, para abrir caminos para que tu puedas aparecer en los que me rodean y quienes te conozcan se llenen de Ti! ¡Señor, hazme un cristiano abierto plenamente al amor, la misericordia, al esfuerzo y la verdad! ¡Que no me atemoricen, Señor, los problemas y las dificultades y como san Juan Bautista hazme firme en mis convicciones y mis principios aunque su defensa conlleve sacrificios por Ti! ¡Señor, como san Juan Bautista, hazme penitente, morificado, recogido, contemplativo y silencioso interiormente para desde el interior darme más a Ti y a los demás!

¡Sagrado Corazón de Jesús en vos confío!

Christ unser Herr zum Jordan kam, BWV 7 (Cristo, nuestro Señor, vino al Jordán) soberbia cantata de Bach que nos sirve para conmemorar musicalmente este festividad:

¡Felicidades, Virgen María!

Hoy, el calendario litúrgico celebra un acontecimiento fundamental en la historia de la humanidad y de la Iglesia: la fiesta de la Natividad de María, Madre de Dios y Madre nuestra que ilumina a toda la Iglesia y a todos los cristianos. Día de gozo y alegría.
La llegada de esta niña, sin mancha de pecado, llena de gracia y de santidad, al hogar de san Joaquín y santa Ana supuso para el mundo una verdadera esperanza y el anuncio y un anticipo de la redención obrada por Jesucristo en el ser humano.
Esta celebración toca profundamente mi corazón y me invita hoy a profundizar en dos temas diferentes. En primer lugar que también yo he recibido de Dios una llamada especial a la santidad y que en esta vida tengo una misión concreta que cumplir. Que Dios me otorga las gracias necesarias para llevar a cabo mi vocación en medio de este mundo. Que así como María nació para Jesús, yo también he nacido para Él. Que al igual que María nació para toda la humanidad, yo también he nacido para dar testimonio cristiano en el mundo. Que al igual que María nació para cada uno de nosotros de manera particular, yo también he nacido para dar lo mejor de mí a todos los que me rodean.
Por otro lado, darle gracias a Dios por los múltiples dones y gracias con las que me enriquece como persona, ser constante y fiel a Él y a los demás en mi vida cristiana, imitar cada día a María ejercitando las virtudes —en especial la humildad, la generosidad, la caridad, la pureza, la gratitud, la delicadeza y la cortesía— que a ella le caracterizaron y cuidar la gracia para caminar libre de toda mancha.

Felicidades Virgen María

¡Felicidades, Madre de amor y misericordia, Madre del Verbo encarnado, en este día que conmemoramos tu nacimiento! ¡Hoy es un día, Madre de Dios, lleno de alegría para el mundo entero porque de ti nació Cristo nuestro Dios! ¡Es para nosotros una fiesta de la vida! ¡Felicidades, Madre, porque eres Madre de Dios y por gracia divina Madre de la humanidad entera! ¡María, Tu has dado a luz a Cristo y por medio de Tu esplendor materno nos ofreces una clara visión de nuestras necesidades y nos orientas en el camino de la fe! ¡Gracias, María, porque al igual que Tu nosotros también somos peregrinos y nos muestras el camino de la fe! ¡María, en este día que festejamos tu nacimiento, ayúdame a estar siempre cerca de Ti y de tu Hijo!

Dulce niña María, cantamos hoy a la Virgen:

En el aniversario… siempre gracias

Es ley de vida. Todos cumplimos años. Y… ¿qué ocurre el día del aniversario? Que un año más, la vida avanza con sus alegrías y sus penas. Se reciben llamadas y felicitaciones, se apagan velas en familia, besos de los seres queridos y abrazos de los amigos del alma. Pero eso no es lo importante.
Lo importante es que puedo dar gracias a Dios por la vida, esa vida que me ha regalado Él y puso como intercesores a mis padres quienes, fruto de su amor, dieron vida a mi vida. Ellos alimentaron mi crecimiento con la fe en Dios y a ellos se les debe el recuerdo con especial devoción y cariño.
Especialmente presentes el cónyuge y los hijos —regalo de Dios—, la esencia de nuestra vida, y los otros familiares que nos llenan de afectos y alegrías y con los que compartimos también tristezas y sufrimientos.
Un recuerdo especial para esos profesores, aquellos que desempeñaron un papel fundamental en nuestra vida. Unos nos enseñaron las primeras letras, otros nos llevaron a amar la historia y la literatura, otros nos hicieron ¿aburrir? la física y las matemáticas pero todos ellos pusieron todo su empeño en hacernos crecer como persona.
Presentes, por supuesto, a todos los amigos que Dios nos ha regalado en el camino de la vida. Amigos que nos alientan, que rezan por nosotros, que saben encontrar lo mejor de sí mismos, que se alegran con lo bueno que tenemos y que nos ayudan cuando las fuerzas flaqueaban y las esperanzas estaban muertas. Esos que siempre están atentos y dispuestos a ayudarnos sin pedir nada a cambio.
Y un recuerdo de los sacerdotes que nos son queridos. El sacerdote que me bautizó, el que me dio la Primera Comunión, los que me perdonaron los pecados, los que me enseñaron e instruyeron, a los que me animaron y aconsejaron, con todos los que hemos compartido viajes y experiencias de fe, a todos los que nos une una deuda de gratitud. Pero también a las consagradas que se han cruzado en nuestra vida, algunas en conventos de clausura y otras con una vida activa de evangelización.
Y, en este día, nos acordamos de aquellos que se han quedado en el camino y a los que hemos hecho daño que seguro serán muchos por causa de nuestro egoísmo y de nuestra falta de servicio.
El día del aniversario es un día para dar gracias a Dios por el regalo de la vida, porque es Él quien nos lleva con amor de Padre, porque su presencia nos consuela y su amor nos llena de confianza.

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¡Señor, qué día más hermoso para darte gracias, para alabarte y para bendecirte! ¡Enséñame, Padre, a vivir la vida como un don que Tú me regalas! ¡Gracias, Señor, porque siento que me amas! ¡Gracias, Señor, por todas las personas que se han cruzado en mi camino, las que han iluminado mis pasos e incluso las que han puesto piedras en mi caminar, los que me ayudan a ser mejor y los que comparten conmigo el día a día! ¡Gracias, Señor, porque este año que ha pasado no ha sido sencillo pero he sentido cada minuto que estabas a mi lado! ¡Gracias, Señor, porque has enviado Tu Espíritu para darme fortaleza y consuelo! ¡Te pido, Señor, que me ayudes a mantenerme siempre firme en mi fe y que mi carácter no empañe mi compromiso contigo y con los demás!

El tercer movimiento del Concierto para violín op. 64 de Mendelssohn para acompañar la meditación de hoy: