En lo cotidiano de Nazaret

En Nazaret la vida de José, María y Jesús es, en apariencia ordinaria, sencilla, oculta a los ojos de los vecinos, sin valor aparente. De puertas adentro nada extraordinario sucede. No hay excesos, ni ruidos sino discreción.
En esa casa de Nazaret fluye el silencio, la serenidad interior, el sosiego del alma, el trabajo honrado, el respeto por las costumbres, el amor profundo y agradecido al Padre. Sucede así porque en esa casa habita la Sagrada Familia. En ese espacio emerge con toda su fuerza una vida de familia impregnada de santidad. Es el hogar donde las virtudes se hacen realidad. Donde las bienaventuranzas, antes de ser proclamadas, cobran relevancia. De puertas adentro la perfección, el respeto, la humildad y el amor son las armas que autentifican el sagrado título de esta familia escogida por Dios. Así se entiende que la Virgen lo custodiara todo en su corazón y que Jesús creciera en sabiduría, se hiciera más fuerte y gozara del favor de Dios.
En este entorno modélico y santo creció y vivió Jesús su vida oculta. En estos treinta años, de la mano de María y de José, modeló su carácter, aprendió a orar, a amar, a servir, a darse a los demás. Con estos mimbres pudo iniciar Jesús su misión divina.
De lo que ocurrió en Nazaret tan solo contamos con unos cuantos versículos que constatan retazos de aquel tiempo. Nada sabemos, pero lo sabemos todo. Pero ese todo te permite examinar tu vida, tus gestos, tus palabras y tus comportamientos. En la vida de la Sagrada Familia de Nazaret se resume el sentido auténtico de la familia cristiana. Es una meditación en si misma que te permite plantear tu propio vivir; ¿Hago de mi vida en familia como hicieron ellos un diálogo interrumpido con Dios? ¿Convierto la vida en mi hogar en un terno de fervor, de paz y de amistad? ¿Me afano para que todos se sientan a gusto a mi lado? ¿Atiendo con gesto amable a todos olvidando mis necesidades para poner por delante la de los demás? ¿Entiendo el valor de los actos de mi vida ordinaria como camino de santificación? ¿Vivo realmente en complicidad con Dios y en el amor compartido? ¿Permito en mi familia que se cumpla el plan de Dios? ¿Es mi vida una lección de vida humilde, generosa y amorosa? ¿Hago de mis sencillos quehaceres cotidianos una ofrenda a Dios, un servicio a la misión de Jesús, un camino de amor por los que me rodean?
¡Esta claro que mi vida, si me lo propongo, también puede ser como el hogar de Nazaret!

orar con el corazon abierto

¡Sagrada Familia de Nazaret me pongo es vuestra mano! ¡Quisiera entrar en vuestra casa para hacerla mía, para hacer siempre la voluntad de Dios, para entregarme a los demás, para vivir en armonía, en caridad, en paz y en amor, para ocuparme de las necesidades materiales y espirituales de los que la formamos! ¡Ayudadme a convertir mi familia en una comunidad de amor! ¡Que vosotros, Jesús, María y José os convirtáis en mi modelo de familia cristiana a seguir! ¡Ayudadme a abrir mi corazón a Dios, a ser receptivo a su Palabra, a ser testimonio cristiano, ser guía para mis hijos, buen esposo! ¡A Ti, María, Madre de misericordia, ayúdame a darle siempre el Si a Dios sin miedo y sin dudas! ¡A Ti, María, Madre del Verbo Encarnado, enséñame a caminar con confianza y a seguir los planes de Dios en mi vida! ¡A Ti, María, Madre de la esperanza, dame tu audacia y tu disponibilidad, para que mis dudas y mis miedos desaparezcan de mi vida! ¡A Ti, San José, fiel siervo, ayúdame a tener tu misma discreción, tus silencios, tu amor, tu simplicidad y tu disponibilidad del corazón! ¡A Ti, San José, ayúdame a recibir con alegría y esperanza lo inesperado que viene de Dios! ¡A ti, San José, ayúdame a tener tu honradez y tu buen hacer! ¡Y a Ti, Jesús, ayudarme a vivir en Ti, para Ti y contigo!

¡Celebremos juntos la vida y que viva la Navidad!:

En el corazón del que sufre

Ayer la Iglesia en España celebraba el día del enfermo, festividad que coincidía con la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia. Tuve la ocasión de asistir a la Eucaristía en el Cottolengo del Padre Alegre, el centro donde los enfermos que no pueden ser atendidos por otras instituciones, con preferencia aquellos por quienes no vela ninguna providencia humana, es decir los pobres entre los pobres, los más enfermos, los más necesitados son atendidos por las religiosas de la Congregación de Servidoras de Jesús del Cottolengo del P. Alegre que se proponen vivir con radicalidad, como dones del Espíritu y con su fuerza, la característica de su vocación, que es la entrega propia al servicio de Jesús en la persona de los pobres y enfermos más necesitados, con una actitud de abandono total y confiado en la amorosa Providencia de Dios Padre y en adoración constante a Cristo Señor en el misterio de la Eucaristía. Ayer uno de los residentes celebraba su Primera Comunión. Fue un acto hermoso porque el Evangelio coincidía con las palabras de Cristo sobre la entrega a los demás y las otras lecturas nos hablaban de que Dios es amor. ¡Dios es amor! Y ese amor se manifiesta también en los más necesitados, a los que nunca hemos de olvidar porque la paternidad de Dios, su presencia y su misericordia se hace imagen en los más pobres. Allí reside su grandeza. En cada menesteroso, en cada enfermo, en cada ser sufriente, allí está Jesús en persona haciéndose presente en é. Y con el mismo amor que se sirve a Cristo hay que servir al necesitado, especialmente al abandonado y marginado. El amor es caridad. El amor es entrega. El amor es servicio. Por eso es nuestro deber hacerse partícipe de los sufrimientos humanos, darles calor, cercanía afectiva y espiritual, amistad desinteresada, respeto moral.
¿Qué se vislumbra detrás de un enfermo? Un ser humano unido a Jesucristo crucificado y resucitado porque aunque parezca sorprendente en la enfermedad uno participa en el misterio redentor del Cristo sufriente. Y si uno es capaz de ofrecer su dolor y su sufrimiento por la salvación del mundo, como hizo el mismo Cristo, realiza el mayor amor que puede presentar un ser humano.
El Cottolengo es una gran familia integrada por residentes, hermanas y voluntarios y tiene las puertas abiertas a Dios. Él es el centro de su vida. Entender esto es un canto de fe y de amor. De esperanza y verdad. De humildad y sencillez. Cuando Dios pensó en el hogar de José y María su idea era crear una familia donde creciera el amor para que Él pudiera atravesar el umbral de aquel hogar y ponerse en medio, sembrando la semilla de la luz esperada durante siglos. ¿Dónde entra Dios? En los corazones que no le ponen resistencia. En los hogares que tienen sus puertas siempre abiertas de par en par. En las familias donde sus miembros le bendicen, le glorifican, le alaban, le dan gracias y se entregan a Él con un corazón sencillo. ¿No era así el hogar de María y José, un semillero de fe y de amor a Dios? ¿Es, así, mi familia? Y si no lo es ¿qué grado de responsabilidad tengo yo para que así sea?

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¡Señor, quiero hoy presentarte todas las enfermedades de mis familiares, amigos y conocidos! ¡Señor, Tu que eres la plenitud de la vida, ten compasión de aquellos que sufren impedimentos físicos, heridas emocionales o cualquier enfermedad del alma! ¡Haz, Señor, que mi fe crezca y mi corazón se abra a las maravillas de tu amor! ¡Gracias, Señor, por disculpar y perdonar esos labios míos que no supieron sonreír en la dificultad, por esa palabra que callé y no supo dar consuelo, por esas manos que no tendí para abrazar al que sufría, por esa mirada que desvié para no compadecerme del que reclamaba mi auxilio, por esos oídos que no prestaron atención al grito de dolor, esa verdad que omití y ese corazón al que no amé por mi egoísmo, mi rencor, mi envidia y mi vanidad! ¡Gracias, Señor, por perdonar los prejuicios que durante tanto tiempo he tenido sobre tanta gente, producto de un corazón que no amaba, soberbio y cobarde, y temeroso al compromiso y al amor! ¡María, Madre de los sufrientes, pon tus manos sobre ellos para que no decaigan nunca en la tristeza y la desesperación!

Del franco-flamenco Jean de Ockeghem (c1410-1497), disfrutamos en este inicio de semana, en este mes de mayo dedicado a la Virgen de su motete Alma Redemptoris Mater, a 4 voces.