La gloria del Señor te envuelve de claridad

Hay una frase muy hermosa referida a los pastores que aparecen en la escena de Belén. «La gloria del Señor los envolvió de claridad». Me ha emocionado esta frase de san Lucas. La cueva de Belén se llenó aquella noche mágica del resplandor de la Luz. Fue una noche brillante. Luminosa. La noche en que nació Jesús, el Mesías, el Señor.
Leyendo esta frase cuatro días después de Navidad siento una gran alegría en el corazón. Siento como esa luz también penetra en mi interior. Como que ese resplandor es un regalo de Dios que nos llena con su gracia. Así, mi corazón rebosa amor, esperanza y fe. Es el sentimiento vivo de estar iluminado por la gracia de Dios.
Siento así la misma alegría que debieron sentir aquellos pastores envueltos en la claridad de Dios. Es la alegría que hunde sus raíces en la fe, en la certeza de que ese misterio cristiano de la Navidad se hace realidad cada año en mi vida. Y que esa luz que todo lo llena despeja las sombras de las incertidumbres y las oscuridades de mi propia vida.
No tiene sentido caminar entre tinieblas. No tiene sentido vivir con odios y rencores. Ni con divisiones ni rupturas. Ni con soledades ni tristezas. Ni con individualismo y autosuficiencias. Ni con orgullo ni con soberbia. Ni con angustias ni resentimientos. No podemos vivir enfrentados en el seno de la familia, ni en el trabajo, ni en la comunidad, ni en la vida eclesial. No podemos cubrir de sombras la luz de la Navidad porque «la gloria del Señor lo envuelve todo de claridad». No podemos cubrir de oscuridad nuestro entorno más cercano. Tenemos que lograr que brille la luz de la Navidad. Hacer saber al mundo que Cristo ha nacido en Belén, es decir, en nuestro propio corazón. Que este hecho extraordinario es capaz de transformar por completo la dureza del corazón, esa actitud que te hace distante de los demás, esa manera de vivir que rompe el espíritu de fraternidad, esas actitudes despreciativas que solidifican la insolidaridad, esa ambición que te impide crecer, ese desorden emocional que te impide amar…
«La gloria del Señor los envolvió de claridad». Esa claridad es la que te convierte en un hombre nuevo. Con el nacimiento de Cristo, ¡que alegría pensar que naces de nuevo a la vida! ¡Que se hace resplandor nuestra propia salvación!
«La gloria del Señor los envolvió de claridad». O lo que es lo mismo. Hacer visible en el corazón la presencia de Dios, una presencia sostenida por el amor, la fraternidad, la alegría y la paz. ¡Como me gustaría que esa claridad me sirva para hacer brillar durante todo el año en mi corazón la luz que Cristo trae en Navidad!

orar con el corazon abierto

¡Señor, me pongo en tu presencia para recibir de Ti la claridad; me postro ante Ti para orar sin desfallecer, con esperanza, con alegría renovada, aceptando el camino de vida que tu me invitas a seguir! ¡No permitas que este año que vamos a comenzar me distraigo de lo que es importante! ¡Ayúdame, Señor, a que la Navidad sea permanente en mi corazón, que mi vida cotidiana sea un constante momento de oración, que Tu vivas cada momento de mi vida en el corazón para ser capaz de dar resplandor a mi vida y ser luz para los demás! ¡Espíritu Santo, concédeme la gracia de permanecer siempre en presencia de Dios, de vivir en y para Dios, en perseverar en el amor a Dios, en ser capaz de darme a los demás, de hacer visible en mi corazón esta presencia amorosa de Dios! ¡Que todo lo que salga de mi interior sea en realidad de Dios! ¡Espíritu Santo, concédeme la gracia de ser constante en el camino de santidad que Dios me ofrece, ayúdame a profundizar en mi interior para alcanzar a conocerme mejor para crecer en santidad! ¡Ayúdame, Espíritu divino, a profundizar en lo más íntimo de mi alma para descansar siempre en Dios! ¡Que la claridad de tu vida, Espíritu Santo, invada mi alma, tu sabiduría cubra mi mente y que tu amor mi corazón de piedra y que mi voluntad quede siempre fijada en el tuya para acoger con alegría los dones que recibo de Ti!

While Shepherds watched their flock by night (Mientras los pastores vigilaban su rebaño de noche) un hermoso villancico inglés para acompañar esta meditación navideña:

¿Estoy capacitado para vivir una vida llena de sacrificios?

Es algo sorprendente pero Dios, antes de entregarte algo más de lo que esperas, contempla desde el pedestal de su divina paternidad como manejas lo que ya te ha entregado. Incluso, cuando te obsequia con una palabra -en la oración, en la lectura de las Escrituras, en el consejo de un amigo, en la plática de un sacerdote…- ésta se convierte en semilla que debe asentarse en la tierra para echar raíces y brotar firme en ese corazón de piedra que caracteriza al ser humano. Cuando Dios dispone algo para el hombre no merece la pena impacientarse. Hay que esperarlo enraizado en la fe y la esperanza.
La paciencia es esa virtud que se arraiga en la fortaleza, que no permite la pasividad ante el sufrimiento, que lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas que nos presenta la vida. La paciencia nos permite contemplar con meridiana claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos. Cuando uno mira atrás comprende que la mayoría de las pruebas que ha sufrido han constituido la columna sobre la que se asienta la entereza para afrontar la situación presente. Y, comprende al mismo tiempo, que si Dios le hubiera otorgado aquella petición tan anhelada tal vez no hubiese resultado posible manejarla. Y Dios nos ama con locura como para permitirlo. Cuanto mayores son los dones que Dios nos otorga, mayores serán las cuentas que nos exija.
Ya dijo el Señor que nadie puede edificar sin considerar primero el costo. Así que la pregunta es sencilla: ¿estoy capacitado para vivir una vida llena de sacrificios?
Con independencia de las pruebas que uno esté viviendo en este día, con el Espíritu enraizado en el corazón nada ni nadie cambiará los planes de Dios en su vida. Por ello, “Espera en el Señor, guarda su camino, y Él te exaltará para heredar la tierra…”
¡Llénate de gozo, hoy Dios -como cada día- quiere bendecirte!

schwarzer faden

¡Señor, tu eres mi pastor y me guías con paciencia, sabiduría y ternura, como los pastores guían a sus ovejas! ¡En ocasiones me encuentro desorientado, andando errante por campos angostados, sorbiendo el polvo de las dificultades y lamentándome por las esquinas porque me flaquea el ánimo y las fuerzas! ¡A veces, Señor, pierdo la paciencia porque he perdido el horizonte y soy víctima de mis miedos, de mis anhelos frustrados y de mis egoísmos y laberintos complicados! ¡Sílbame, Señor, a través de tu Espíritu esas palabras que motivan, llévame por tus caminos, condúceme a los pastos que alimentan y las fuentes de agua viva! ¡Dame, Espíritu Santo, la claridad de los problemas y los dones para acertar solventarlos! ¡Muéstrame, Señor, tu rostro de amor y misericordia y guíame por los senderos de dudas e incertidumbres con paciencia, sabiduría y ternura! ¡Dame la fortaleza para aprender a vivir rodeado de dificultades y la sabiduría para comprender que, pese a las dificultades, tu me bendices cada minuto de mi vida! ¡Cura mis incertezas, Señor, defíendeme de las desesperanzas y dame tu Espíritu que me vivifica!

Disfrutamos hoy con el aria de Lia de la cantata El hijo pródigo de Debussy: