Letanías que abajan tu yo

Desde hace varios años cada mañana rezo las Letanías de la humildad del cardenal Merry del Val. Me aconsejó su rezo diario un sacerdote al salir de una larga confesión en un retiro de Emaús celebrado en Madrid. Con esta letanía encuentras la gracia para intentar vivir una auténtica vida cristiana apartando la complacencia personal, venciendo el fastidio y el hastío de sentirte mal tratado o herido por los demás y tratando de hacer el bien a los que te rodean en el actuar cotidiano.
Las letanías te permiten entender que, aunque es aconsejable que se reconozca nuestro trabajo, desde el punto de vista espiritual hemos de tratar que esta apetencia personal no se acabe convirtiendo en un signo de identidad pues todo trabajo, del tipo que sea, tiene que tener como finalidad la alabanza al Señor. Siguiendo el ejemplo de Cristo, que se despojó de sí mismo para nuestra salvación, que murió en la ignominia de la cruz en el mayor de los servicios, nuestro trabajo tiene que estar impregnado del servicio a los demás.
Por otro lado, cuando sufrimos calumnias, insultos, desprecios, abandonos no debemos levantar muros defensivos para protegernos de tales ataques sino ponerlo todo en las manos de Dios, confiando plenamente en Él, que es el único que verdaderamente tiene la potestad de solventar la situación. Podremos tener un profundo dolor pero no hay que olvidar jamás que Cristo calló durante su proceso de pasión. Y que Dios lo hizo también al ver a Cristo durante su Pasión y muerte en el Calvario.
Por último, estas letanías te colocan en el lugar que te corresponde colocando a los demás por delante de ti. Y, una enseñanza más: desde la perspectiva espiritual su rezo cotidiano te permite entender que nunca debemos compararnos con los demás con el fin de alimentar nuestro orgullo sino de abajándonos a los más pequeño para ponerse al servicio del Señor como el último de sus servidores. Conseguirlo ya es otra cuestión.

charity-open-hands-_igor_-_fotolia.com_large.jpg

¡Señor líbrame de ser aplaudido, preferido a otros, honrado, alabado y aceptado! ¡Señor líbrame del temor a ser humillado, calumniado, puesto en ridículo, injuriado, juzgado con malicia, olvidado o reprendido! ¡Señor, dame la gracia que los otros sean más amados que yo, estimados que yo, alabados que yo, preferidos a mí en todo, más santos que yo con tal de que yo sea todo lo santo que pueda! ¡Señor, haz que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse, que de mí no se haga caso, que se me juzgue inútil porque si es tu voluntad la acepto con agrado! ¡En este día, Señor, quiero prometerte que no me apegaré a las cosas mundanas, a lo mío, a lo que hincha mi orgullo, a lo que sólo se contempla desde mi perspectiva y mi entendimiento, a mis verdades y seguridades, a mis certezas y mis miedos! ¡Señor, quiero prometerte hoy que caminaré con la humildad como bandera, con el espíritu abierto a tu misericordia, para reconocer en los acontecimientos de la vida tus huellas! ¡Señor, quiero prometerte hoy que dejaré aparcado mi orgullo y mi vanagloria y actuaré con la sencillez con la que tú te mostraste siempre! ¡Señor, quiero prometerte hoy que cuando me hables y me pidas que sea el último entre los últimos no suponga para mí un motivo de tristeza! ¡Señor, quiero prometerte hoy que no me desgastaré en luchas vanas para alcanza el reconocimiento ni defenderé aquellos privilegios que no me correspondan! ¡Señor, quiero prometerte hoy que callaré para dejar a otros expresar sus opiniones y escucharé aprender de aquellos que en tanto me superan, que seguiré y obedeceré tu voluntad y, aunque no luzca y pueda parecer sencilla, me posicionaré en el lugar que tú decidas!

Ser imagen de Dios

Tomé ayer de madrugada un avión para regresar a mi país. En las alturas uno se hace consciente de que, en la creación, Dios se manifiesta a sí mismo como Padre, ya que está en el origen mismo de la vida, y al crear, manifiesta todo su poder. Si el Padre es quien engendra y da vida, ¿por qué en el Credo tenemos que especificar que Él es el creador del cielo y la tierra?
Afirmando que Dios es el creador del cielo y la tierra reconozco que la creación no es el resultado del azar. Dios creó el mundo de la nada y llamó a todas las cosas a la existencia. Así, todo lo que existe depende de Dios y, por lo tanto, tiene la consistencia que Dios le da. Es lo que leemos en el primer versículo de la Biblia: «En el comienzo Dios creó el cielo y la tierra». Como cristiano me gusta pensar que Dios es el origen de todas las cosas y que en la belleza de la creación se desarrolla esa omnipotencia del Padre que ama.
Toda la historia de la Biblia te enseña que las personas elegidas ven en Dios el origen de todas las cosas y el creador de todos los elementos del mundo. Dios es el creador del universo en evolución. Él es el principio y el fin. Él crea este universo permanentemente y lo mantiene en su despliegue.
Confesar que Dios es creador es confesar a un Dios que actúa a lo largo de la historia de la humanidad. Y eso me lleva a profundizar en que he sido creado a imagen y semejanza de Dios. Imagen suya desde el primer momento de mi concepción. Y esta dignidad está presente en cada etapa de mi vida por lo que tengo el deber acoger esta verdad que me permite avanzar en mi camino hacia la salvación.
Ser imagen de Dios es un don gratuito y especial que Dios nos regala. No es una conquista humana ni obra fruto de nuestro esfuerzo. Por eso, le quiero corresponder a Dios reconociendo este don, agradeciéndole esta donación, haciendo crecer en mi vida los frutos que Él me da y testimoniando con compromiso y valentía en mi propio hacer de cada día, el ser imagen de este Dios que es puro amor. ¡Gracias, Dios mío, por esta oportunidad!

orar con el corazon abierto

¡Gracias, Dios mío, por darme la oportunidad de crecer cada día de mi vida siendo imagen y semejanza tuya! ¡Tu, Padre, quieres que manifieste en cada momento un aspecto particular de tu esplendor infinito y no te quiero defraudar! ¡Quieres, Padre, que se haga en mi el proyecto que tienes pensado para mi vida y quiero hacer tu voluntad y no la mía! ¡Quieres, Padre, que esté destinado a entrar en la eternidad alegre de la vida con mi propio itinerario vital y quiero seguir este camino vital! ¡Te doy gracias, Padre, porque habiendo sido creado a tu imagen y semejanza me permites conocerte y amarte en libertad y reconocer tu Creación! ¡Te doy gracias, Padre, porque nos has creado a los hombres amándolos y nos llamas a participar por medio del conocimiento y del amor en tu vida divina! ¡Te doy gracias, Padre, porque nos permites entrar cada día en comunión contigo y con Jesús y con las personas que nos rodean! ¡Te doy gracias, Padre, porque habiendo sido creado a tu imagen y semejanza me implicas en mi dignidad como ser humano, en mi reacción contigo, conmigo mismo y con los demás! ¡Te doy gracias, Padre, porque mi dignidad como persona se realizar por venir de Ti y quiero utilizar la inteligencia y las capacidades que me das, los talentos y la libre voluntad que me has regalado para ordenarlo todo para hacer el bien y alcanzar la felicidad eterna que nos has prometido por medio de Jesús! ¡Padre, tus nos dices en el Génesis que después de haber creado las cosas de este mundo viste que todo era una cosa buena pero que, después de haber creado al hombre, viste que cuanto habías hecho era algo muy bueno, te pido que por medio de tu Santo Espíritu me ayudes a crecer en santidad y responder a esta bondad que Tu esperas de mi!

Celebro con gozo esta idea de ser imagen y semejanza de Dios con esta maravillosa cantata de Bach: Jauchzet Gott in allen Landen (BWV 51) (Regocíjate en todas las tierras)

Creer antes que dudar

En un reciente viaje me ha acompañado un ingeniero cuya principal afición es la pesca de río. Tan apasionado es a este deporte que durante las comidas o en los vuelos salpicaba las conversaciones con diferentes anécdotas relacionadas con su hobby preferido. Una frase suya me invita a la reflexión: «Rodeado de un paisaje silencioso practicar la pesca también te permite encontrarse a uno mismo».
En las páginas de los Evangelios aparecen variadas historias y parábolas relacionadas con la pesca. Existe una cierta analogía entre esta actividad y la vida espiritual.
Como me comentaba este ingeniero para practicar la pesca lo mejor es estar abierto a lo inesperado: a veces pescas una gran trucha en un momento en que no se sospecharías que pudieras capturarla.
En la pesca observo un símil de mi propia vida. Cada nueva experiencia es como una presa que enriquece mi vida interior, me ayuda a crecer y madura mi fe. Aún así, debes estar preparado para deshacerte de la comodidad de tus pensamientos y hábitos de conducta, para estar atento y cuestionar lo que crees o lo que no crees; estar receptivo a la sorpresa es como esperar lo inesperado que viene de Dios.
Cuando uno siente que su vida espiritual patina los hilos de su oración no aportan nada nutritivo, puede ser que sea necesario avanzar hacia aguas más profundas. El agua profunda es lo que sucede en tu interior donde están los secretos: los miedos o los dolores más profundos, las esperanzas y los deseos más ocultos. Aquí es donde el Evangelio funciona para cada persona. ¡Acaso no le dijo Jesús a Pedro que echase las redes en aguas profundas!
Simón Pedro, el pescador, no dudó en seguir el consejo de un hombre que no era experto en la pesca. Pedro prefirió creer antes que dudar. Prefirió tal vez encogerse de hombros y arriesgarse después de una noche aciaga en cuanto a pesca se refiere y agotadora desde el punto de vista humano. Esto te permite cuestionarte ¿qué riesgo estoy dispuesto a tomar para cumplir en lo que se refiere a mi vida interior? ¿El riesgo de cambiar mi visión del mundo y de cambiar mi vida, el riesgo de luchar contra lo que me duele, de ser desafiado, despreciado o rechazado?
Vivir la fe no siempre es la parte hermosa de la pesca en un estanque tranquilo. Exige, en ocasiones, enfrentarse a lo desconocido, desafiar las tormentas que se presentan, poner a prueba tus convicciones. Pero como decía el ingeniero que me acompañaba en el viaje las mejores capturas suelen ser las costosas… ¡pero son las que más valen la pena!

orar con el corazon abierto

¡Señor, creo y te amo profundamente porque no solo eres la luz que ilumina mi camino sino que eres el amigo que me acompaña siguiendo cada uno de mis pasos y que me ayuda a escoger el camino correcto, aquel que me dirige a la vida verdadera! ¡Te pido, buen Jesús, que me ayudes a levantarme cada vez que caigo y me perdones por mis faltas! ¡Como Pedro yo también estoy muchas veces agotado y frustrado por lo que me sucede, trabajando sin obtener frutos y tu me pides que reme mar adentro en aguas profundas! ¡Tu sabes que a veces me surgen las dudas pero no quiere dejar de creer lo que implica cumplir tu voluntad! ¡Hazme comprender, Señor, por medio de tu Santo Espíritu que cualquier donación que venga de Ti y del Padre exige un esfuerzo por mi parte, que estás dispuesto a realizar un milagro pero yo también debo estar dispuesto a ir hasta las aguas profundas y estar disponible con mi esfuerzo, con mi sacrificio y mi fe vivas! ¡Ayúdame, Señor, a comprender por medio de tu Espíritu divino, lo gratificante que es recibir tu providencia y tu gracia en las aguas profundas de mi vida pues tu sabes que cuando vienen las dificultades, las crisis, la oscuridad, el sufrimiento o las experiencias dolorosas o frustrantes puede tener la tentación de abandonarlo todo! ¡Concédeme, Señor, una fe firme y una confianza ciega para que puedas obrar en mi interior el milagro que deseas y recibir más de lo que siempre espero!

En tu nombre echaré las redes, cantamos hoy:

En lo cotidiano de Nazaret

En Nazaret la vida de José, María y Jesús es, en apariencia ordinaria, sencilla, oculta a los ojos de los vecinos, sin valor aparente. De puertas adentro nada extraordinario sucede. No hay excesos, ni ruidos sino discreción.
En esa casa de Nazaret fluye el silencio, la serenidad interior, el sosiego del alma, el trabajo honrado, el respeto por las costumbres, el amor profundo y agradecido al Padre. Sucede así porque en esa casa habita la Sagrada Familia. En ese espacio emerge con toda su fuerza una vida de familia impregnada de santidad. Es el hogar donde las virtudes se hacen realidad. Donde las bienaventuranzas, antes de ser proclamadas, cobran relevancia. De puertas adentro la perfección, el respeto, la humildad y el amor son las armas que autentifican el sagrado título de esta familia escogida por Dios. Así se entiende que la Virgen lo custodiara todo en su corazón y que Jesús creciera en sabiduría, se hiciera más fuerte y gozara del favor de Dios.
En este entorno modélico y santo creció y vivió Jesús su vida oculta. En estos treinta años, de la mano de María y de José, modeló su carácter, aprendió a orar, a amar, a servir, a darse a los demás. Con estos mimbres pudo iniciar Jesús su misión divina.
De lo que ocurrió en Nazaret tan solo contamos con unos cuantos versículos que constatan retazos de aquel tiempo. Nada sabemos, pero lo sabemos todo. Pero ese todo te permite examinar tu vida, tus gestos, tus palabras y tus comportamientos. En la vida de la Sagrada Familia de Nazaret se resume el sentido auténtico de la familia cristiana. Es una meditación en si misma que te permite plantear tu propio vivir; ¿Hago de mi vida en familia como hicieron ellos un diálogo interrumpido con Dios? ¿Convierto la vida en mi hogar en un terno de fervor, de paz y de amistad? ¿Me afano para que todos se sientan a gusto a mi lado? ¿Atiendo con gesto amable a todos olvidando mis necesidades para poner por delante la de los demás? ¿Entiendo el valor de los actos de mi vida ordinaria como camino de santificación? ¿Vivo realmente en complicidad con Dios y en el amor compartido? ¿Permito en mi familia que se cumpla el plan de Dios? ¿Es mi vida una lección de vida humilde, generosa y amorosa? ¿Hago de mis sencillos quehaceres cotidianos una ofrenda a Dios, un servicio a la misión de Jesús, un camino de amor por los que me rodean?
¡Esta claro que mi vida, si me lo propongo, también puede ser como el hogar de Nazaret!

orar con el corazon abierto

¡Sagrada Familia de Nazaret me pongo es vuestra mano! ¡Quisiera entrar en vuestra casa para hacerla mía, para hacer siempre la voluntad de Dios, para entregarme a los demás, para vivir en armonía, en caridad, en paz y en amor, para ocuparme de las necesidades materiales y espirituales de los que la formamos! ¡Ayudadme a convertir mi familia en una comunidad de amor! ¡Que vosotros, Jesús, María y José os convirtáis en mi modelo de familia cristiana a seguir! ¡Ayudadme a abrir mi corazón a Dios, a ser receptivo a su Palabra, a ser testimonio cristiano, ser guía para mis hijos, buen esposo! ¡A Ti, María, Madre de misericordia, ayúdame a darle siempre el Si a Dios sin miedo y sin dudas! ¡A Ti, María, Madre del Verbo Encarnado, enséñame a caminar con confianza y a seguir los planes de Dios en mi vida! ¡A Ti, María, Madre de la esperanza, dame tu audacia y tu disponibilidad, para que mis dudas y mis miedos desaparezcan de mi vida! ¡A Ti, San José, fiel siervo, ayúdame a tener tu misma discreción, tus silencios, tu amor, tu simplicidad y tu disponibilidad del corazón! ¡A Ti, San José, ayúdame a recibir con alegría y esperanza lo inesperado que viene de Dios! ¡A ti, San José, ayúdame a tener tu honradez y tu buen hacer! ¡Y a Ti, Jesús, ayudarme a vivir en Ti, para Ti y contigo!

¡Celebremos juntos la vida y que viva la Navidad!:

Creado para tener una vida de relación con Dios y con el prójimo

El salmo 46 es precioso. Es el que te invita a permanecer en silencio y quietud para permitir que Dios entre en el secreto profundo de tu vida. Dios nos ha regalado la vida para poder bendecirla con multitud de presentes y dádivas y uno de ellos, muy valioso, es tener la conciencia de que Dios es amor. A medida que creces espiritualmente comprendes que el amor que Dios tiene por el hombre es similar al de un padre amoroso. Cuando eres consciente de esta verdad alejas de tu vida ese sentimiento que tienes la necesidad de ganar su amor porque ya es inherente a Él.
Cuando uno ora y medita permite que el amor purifique el propio corazón, la propia mente, los propios sentimientos y las propias emociones. La meditación contemplativa es un auténtico acto de confianza y paciencia. Confianza porque permite tener conciencia de que uno es amado y de que ese amor es un amor verdadero. Y paciencia porque nadie conoce el momento en que va a ser consciente de ese amor puro y gratificante que procede de Dios.
Existen, lógicamente, otras formas de rezar. Pero en la meditación personal, en el encuentro personal con el Señor, los tiempos se paralizan excepto para encontrar la presencia silenciosa de ese Dios que se hace vida en nuestra vida. La realidad que uno trata de encontrar es la absoluta convicción, basada en una fe firme, de que el amor recorre toda nuestra existencia y que ese amor, sustentado en la amistad verdadera, es lo que da sentido a nuestra vida.
Cada vez que en el silencio de la oración entras en contacto personal con Dios penetra a su vez en la profundidad de su amor confiando la propia vida en Él. El hombre ha sido creado para tener una vida de relación con Dios y con el prójimo. Cuando meditas, oras e imploras confías plenamente que Dios obra en ti. Entonces ese corazón duro como la piedra se convierte en un corazón de carne, que se ablanda por el sentimiento del amor, y desde esa pureza que el Espíritu Santo te ofrece puedes alcanzar verdaderamente la unión con Dios.

orar con el corazon abierto

 

¡Señor, te doy gracias porque no solo eres mi refugio y mi fuerza, sino que eres Aquel en quien siempre puedo confiar, El que nunca abandona, El que siempre perdona, El que manifiesta siempre su misericordia y su amor! ¡A tu lado nada temo, Señor, aunque la tierra se mueva y las montañas se hundan en lo profundo de los océanos! ¡No temo, Señor, a tu lado que los océanos se agiten y todo parezca quedar inundado! ¡Yo confío siempre en Ti, Señor mío, porque vivir a tu lado es saber que vives en una fortaleza inexpugnable, una lugar que no se destruirá jamás! ¡Tu, Señor, eres el refugio, el que hace las cosas más increíbles! ¡Concédeme la gracia de volver siempre a Ti, buscarte siempre en todo lo que hago para que mi alma alcance el descanso deseado! ¡A ciencia cierta soy consciente, Señor, de que cuando me llamas tu me escuchas y me respondes! ¡Estando seguro en Ti, Señor, no necesito la seguridad de otras cosas porque Tu eres mi amparo y fortaleza! ¡Dame por medio de tu Santo Espíritu una fe cierta y firme para que entre las incertezas de la vida me mantenga confiado en Ti, que das la paz, la alegría y la esperanza!

Para quien desee rezar el salmo 46 cantado, acompaño esta canción:

Comunicar la buena nueva

En 1980 San Juan Pablo II nombró a San Benito patrono de Europa coincidiendo con el XV Centenario de su nacimiento. Es tal vez el santo más influyente del viejo continente, por la cantidad de comunidades religiosas fundadas por él y por sus extraordinarios escritos y sabias enseñanzas.
El fin esencial de la espiritualidad de san Benito radica en la búsqueda sincera de Dios al que se llega por medio de Jesucristo. Esta búsqueda de Dios exige un permanente proceso de renovación y de liberación interior. Toda pacificación y unificación del corazón centrado en Cristo es una novedad hay que vivir a lo largo de toda la vida. Nadie que conozca el Evangelio, que haya experimentado en su vida que Jesucristo ha resucitado, puede acomodarse en el plano espiritual. Quien encuentra a ese Cristo resucitado debe tener el afán de comunicar esa buena nueva. La oración se convierte así en ese punto de inflexión en la que el ser humano acaba siendo absorbido por la presencia de Dios.
Siempre hemos escuchado que los tiempos de Dios no son los de los hombres. Y es así. Pero Dios es consciente de que muchos de sus hijos han perdido el norte de su vida, que no conocen el camino hacia Él y demanda, a los que han sido tocados por su gracia, que no se demoren en anunciar la Buena Nueva del Evangelio.
El primer paso para el anuncio es ponerse en oración ante el Señor. Es desde la oración, en unión íntima con el Padre, donde el cristiano se convierte en anunciante del Evangelio. El anuncio del Evangelio es parte del ser discípulos de Jesucristo. Nadie puede quedarse inmune ante las palabras pronunciadas por el Señor y que recoge el Evangelio de san Mateo del «id a todas las gentes bautizandólas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado».
Estas palabras no son mero un anuncio, son parte del testamento de Jesús para que queden impregnadas en nuestro corazón como parte de nuestro celo apostólico.

Aprovecho para recomendar a todos los lectores llevar siempre encima la Medalla y la Cruz de San Benito. El uso de estos sacramentales tienen un carácter de protección. El Crucifijo de la Buena Muerte y la Medalla de San Benito han sido reconocidos por la Iglesia como una ayuda para el cristiano en la hora de la tentación, el peligro, el mal y, principalmente, en la hora de la muerte. Se puede recibir una indulgencia plenaria llevando la Cruz de San Benito. A través de la indulgencia plenaria somos perdonados del castigo por nuestro pecados en la hora de la muerte. El creyente debe confesarse, recibir la Comunión, y clamar el santo nombre de Jesús con devoción. Para la indulgencia no basta la Cruz, debe representarse a Cristo crucificado, en señal de la unión de nuestros sufrimientos a las de nuestro Salvador.

Descripción de la medalla:

Al frente de la medalla aparece San Benito con la Cruz en una mano y el libro de las Regla en la otra mano, con la oración:
“A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia.”
El reverso muestra la cruz de San Benito con las letras:

C.S.P.B.: “Santa Cruz del Padre Benito”
C.S.S.M.L. : “La Santa Cruz Sea Mi luz” (crucero vertical de la cruz)
N.D.S.M.D.: “que el Dragón No Sea Mi Guía.” (crucero horizontal)
En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:
V.R.S. “Abajo Retrocede Satanás” 
N.S.M.V. “Para de Atraerme Con Mentiras”
S.M.Q.L. “Venenosa Es Tu Carnada”
 I.V.B. “Trágatela Tú Mismo”
PAX “Paz”

¿Para qué sirve la Medalla de San Benito?

La medalla de San Benito es un sacramental reconocido por la Iglesia con gran poder de exorcismo. Como todo sacramental, el poder de la medalla no está en sí misma, sino en Cristo, y por la fervorosa disposición de quien la porta.

Una compilación de cantos de los monjes benedictinos de Silos en la festividad de su fundador:

El pecado que vive en mi

Hoy es la festividad de san Pedro y san Pablo. Uno de los aspectos que más me impresionan de la figura del apóstol san Pablo, ese espejo que tenemos los cristianos para fortalecer nuestra fe, es su confesión de que de una manera reiterada tenía que luchar contra los demonios que combatían su espíritu. San Pablo se declara en la carta los Filipenses como un ser imperfecto, consciente de su absoluta vulnerabilidad, confesión que reitera en la carta a los Corintios; se considera el primero de los pecadores, aspecto que incide cuando escribe a Timoteo; e, incluso, duda de que algún día pueda llegar a salvarse, como manifiesta en la epístola a los Romanos. Si Paulo de Tarso, apóstol del cristianismo y uno de los mayores protagonistas de su expansión tras la muerte de Cristo, mantiene consigo mismo una idea tan profunda de su pequeñez, ¿en qué situación me encuentro yo, hombre con pies de barro, que se cree tan perfecto, con una vida interior tan ínfima, tan pobre, tan angostada?Pensar en san Pablo es entender que el pecado vive en mí a pesar de mis desvelos por desterrarlo de mi alma y de mi corazón, cautivo como estoy a los estímulos del pecado, con una experiencia espiritual que no es más que una retahíla de fracasos y de caídas permanentes, con negaciones constantes al Señor…
Asumiendo la vida del apóstol siempre hay esperanza. Y esa esperanza viene de Dios. De ese Dios hecho carne, de esa salvación prometida, de ese cumplimiento para que yo pueda salvarme, de ese gesto impresionante de morir en mi lugar para que yo pueda redimirme del pecado. Contemplo la Cruz y veo la grandeza de ese Cristo yaciente, su santidad, su muerte redentora, la grandeza de ese gesto y no me queda más que exclamar con convincente gozo: ¡Gracias, Dios mío, por darme a Jesucristo, que se ha ofrecido a si mismo sin mancha, y me hace entender que estoy en este mundo para servirte a Ti como un verdadero hijo tuyo!
Mi camino es imperfecto aunque tantas veces me crea un ser superior pero si hay algo que Dios tiene claro es lo que quiere de mí y cómo conseguirlo. Y todo pasa por desterrar la soberbia del corazón para vivir entregados a Él y a los demás con humildad, amor, servicio y generosidad. Y cuando me crea perfecto… basta con tratar de leer los renglones torcidos que Dios escribe en mi vida para entender por donde debe ir mi transformación interior.

¡Señor, sé que lo que te agrada de mi es que sea sencillo, mi pequeñez, mi humildad, mi camino paso a paso! ¡Bendice, Tú Señor, mi caminar! ¡Perdóname, Señor, por las ocasiones en que no me someto a tu voluntad sino que hago lo que creo que es más conveniente para mí si tenerte en cuenta a Ti! ¡Perdóname, Señor, por esas obras pecaminosas que me apartan de tu corazón inmaculado! ¡Perdóname, por los acuerdos con el enemigo que me hacen ver el pecado como algo liviano y trivial! ¡Te pido, Señor, que selles mi mente, mi espíritu, mi cuerpo y mi alma con tu sangre! ¡Señor de misericordia, abre mi ojos para que siempre sea capaz de descubrir el mal que hago! ¡Toca con tus manos mi corazón para que me convierta sinceramente a Ti! ¡Restaura en mi corazón tu amor, Señor, para que en mi vida resplandezca con gozo la imagen de tu Hijo Jesucristo! ¡Señor, tu exclamaste que querías la conversión del pecador; aquí estoy yo Señor para confesar mis pecados y reclamar tu perdón! ¡Ayúdame, Señor, a escuchar tu Palabra, a hacerla mía! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, dador de vida, a comportarme con sinceridad en el camino del amor y la entrega a los demás, y a crecer en Jesús en todos los acontecimientos de mi vida! ¡No tengas en cuenta mis negaciones, Señor, y mírame cada vez que caiga con tu mirada de amor misericordioso porque sabes que esto mueve a mi corazón a prometerte fidelidad!

orar con el corazon abierto

Coincidiendo con la festividad de san Pedro y san Pablo un sacerdote me envía esta oración para compartirla con los lectores de esta página:

¡Oh Santos apóstoles Pedro y Pablo!
Yo los elijo hoy y para siempre por mis especiales protectores y abogados;
y me alegro humildemente tanto contigo, san Pedro, príncipe de los Apóstoles,
porque eres la piedra sobre la cual edificó Dios su Iglesia;
como contigo, san Pablo, escogido por Dios
para vaso de elección y predicador de la verdad en todo el mundo.
Alcánceme, les suplico, una fe viva, una esperanza firme y una caridad perfecta;
atención en el orar, pureza de corazón, recta intención en las obras,
diligencia en el cumplimiento de las obligaciones de mi estado, constancia en los propósitos,
resignación a la voluntad de Dios y perseverancia en la divina gracia hasta la muerte;
para que mediante sus intercesiones y sus méritos gloriosos,
pueda vencer las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne,
me haga digno de presentarme ante el supremo y eterno pastor de almas Jesucristo,
que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos,
para gozarle y amarle eternamente. Amén.

Himno al amor, para la festividad de hoy:

¿Vencido por la rutina?

Le estoy enseñando las horas a mi hijo pequeño. Es una tarea de paciencia y mucha rutina. Las agujas del reloj avanzan inexorables y de manera recurrente surge la pregunta de rigor: «¿Papá, qué hora es?». «Dímelo tu». Y vuelta a empezar con la explicación.Cuando ves como pasan las horas te das cuenta hasta que punto es rutinaria la vida. Al hombre le asustan los cambios, quedarse igual. Hay quien le aterroriza, incluso, cualquier cambio en su rutina diaria.
Lo normal es que la rutina nos atrape cuando no hay en nuestra vida un propósito qué llevar a cabo.
En la vida todo puede volverse rutinario: el trabajo, los viajes, el tiempo libre, la relación de pareja, el apostolado, la oración, el educar… La rutina se puede llegar a convertir en algo letal si no se le encuentra a la vida un propósito. Y la rutina tampoco puede envolver nuestra vida de fe. Hay que superar el cansancio de la fe y recuperar la alegría de ser cristianos, gozosos con esa felicidad interior de tener en nuestro corazón a Cristo. Alejarse de la rutina de la fe cansina y llena de telarañas que se mantiene tantas veces por el ambiente y abrazar esa fe consciente, pensada y reclamada al Espíritu Santo que se vive desde el corazón y la experiencia para que se convierta en algo que pertenezca a nuestro presente.
¡La fe debe ser vibrante para poder comunicarla a los demás! ¡Porque la fe es creer, es confiar, es fiarse, es esperar, es un acto de confianza! ¡La fe permite poner todas nuestras inseguridades en la seguridad de las manos de Dios!
¡Con una fe viva nada en mi vida puede ser rutinario porque segundo es una experiencia de amor!

¡Señor, te pido la gracia de renovar mi visión de las cosas para conocerte mejor y que mis rutinas se conviertan en algo extraordinario, para transformarlas en algo que sea siempre un servicio para ti y para los demás! ¡Señor, pongo mi voluntad en tu voluntad, mi nada y mi pequeñez la pongo en tus manos porque tú eres mi todo, y deseo que realices en mi vida una profunda y auténtica transformación interior! ¡Señor, hago también algo personal el Fiat de tu Santísima Madre, ejemplo de abandono filial y amoroso a la voluntad del Padre! ¡Que mi «Sí» Señor sirva para hacer tu presencia operante en mi corazón y en mi alma! ¡No permitas que la rutina de la fe me predisponga al abandono y haz que tu voluntad sea siempre en mi vida y en mi corazón un respiro y un pálpito de esperanza! ¡Señor, anhelo que reines en mi alma y ocupes un lugar de privilegio en mi corazón y eso sólo lo puede alcanzar si mi vida de fe no es rutinaria! ¡Conviértete, Señor, en el actor principal y en el espectador privilegiado de todas las acciones que lleve a cabo! ¡Señor, con la fuerza de tu Santo Espíritu, haz que mi mirada mire con tus ojos, que mis palabras salgan de tu boca, que mis pensamientos broten de tu corazón, que mis intenciones estén regadas por tu voluntad, que tu santidad esté impregnada en mi alma, que mi confianza nazca de una oración con el corazón abierto, que mis sufrimientos te ayuden a llevar la cruz! ¡Espíritu divino, sólo tú puedes transformar mi rutina en un servicio auténtico, valioso y comprometido para el Señor; transfórmame, renuévame, cámbiame, purifícame y restáurame! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

Oh, deja que el Señor te envuelva, es el canto de hoy:

Un simple jardinero

Para vivir los hombres modificamos el medio ambiente en función de nuestras necesidades. Una de las más propias es disfrutar de un entorno agradable para vivir, que proporcione calidad de vida y facilite el retorno a la naturaleza. Pero no a una naturaleza agresiva y hostil, sino a una naturaleza que invite a la tranquilidad y la relajación, además de a la estética.
Una de las maneras que ha empleado el hombre para conseguir esta circunstancia es la jardinería. Hay quien encuentra la felicidad en el cuidado de su jardín. En la unión perfecta con una soledad bien entendida, pasando las horas y los días rodeado de plantas, contemplando como salen las flores del cerezo, crecen las rosas o las enredaderas carmesíes… observando las luces y colores de las distintas estaciones… Pero este disfrute no es suficiente sin el cuidado del jardín, arrancando las malas hierbas que perturban el entorno.
La vida espiritual se asemeja en gran medida al arte de la jardinería. Para mantener la belleza se han de erradicar de raíz las malas hierbas para que estas no vuelvan a resurgir. De lo contrario, el entorno se estropea y se hace imprescindible segar una y otra vez. La vida ascética exige «lucha» contra las malas hierbas de nuestra vida para lograr un crecimiento en el desarrollo de nuestra vida sobrenatural. La gracia de Dios es un don puramente gratuito pero corresponde al hombre fomentar y defender la participación de esa vida divina recibida contra las inclinaciones que le son contrarias; exige amor y esfuerzo para desarrollar el germen de la vida sobrenatural que lleva en su alma y luchar contra los obstáculos que se opongan a su desarrollo personal.
Cada día uno tiene el propósito de hacer bien las cosas, de amar, de ser generoso, caritativo, amable, honesto, servicial, humilde… evitando ofender a Dios. Pero cada mañana la raíz del pecado emerge de nuevo en el corazón. Es en el corazón donde está la raíz del pecado. Mientras uno no pode esa soberbia que domina, esa sensualidad que todo lo pervierte, ese rencor y ese odio que tanto daño provoca, esa envidia que todo lo corroe, ese egoísmo que desmorona toda libertad… el trabajo seguirá siendo inútil y poco fructífero.
Hay que pedir al Espíritu Santo con insistencia que purifique nuestro corazón porque desde la nitidez y sin abandonar la lucha ascética de cada día no se pueden asumir ni interiorizar los sentimientos de Cristo en el interior del corazón. Analizo ahora mi propio corazón y ¡no me queda más que postrarme de rodillas y pedir perdón al Señor porque queriendo ser un jardinero fiel soy incapaz de podar aquello que pervierte mi corazón!

orar con el corazon abierto

¡Señor, te pido que hagas de mi corazón un jardín florido y no un desierto seco y agreste! ¡Te pido, Señor, que riegues con tu Santo Espíritu mi corazón pequeño y rudo! ¡Que lo llenes con el abono de la gracia para que elimine los rencores, las amarguras y las tristezas y haga mi vida más fuerte que el amor y una fuente de esperanza y alegría! ¡Señor, riega mi corazón para florezca la alegría y no me ahoguen ni las caídas y los fracasos! ¡Señor, cuando las flores de mi corazón se marchiten te pido que con tu sangre preciosa me ayudes a revivir y morar en Ti para crecer en santidad! ¡Señor, que no me den miedo las espinas ni me agobie por los abrojos porque sé que Tú estás conmigo! ¡Y cuando todo me vaya bien, y mi jardín estén bien florido, ayúdame a no relajarme y no cantar victoria para que no se marchite mi corazón con la soberbia y la autosuficiencia! ¡Señor, quiero mirarte siempre a Ti que eres el mejor jardinero y quiero que me conduzcas al mejor jardín que Dios ha pensado para los hombres: el jardín celestial! ¡Espíritu Santo, purifica mi corazón para llegar a ser santo cada día!

Jaculatoria a la Virgen en el mes de mayo: Virgen María, eres sosiego y ternura eres la luz y la fe, dame consuelo en el dolor.

El jardinero, la canción para la meditación de hoy:

¿Y, yo, cómo ayuno en esta Cuaresma?

Una de las prácticas penitenciales de la Cuaresma es el ayuno. No es una cuestión secundaria. Ocupa un lugar relevante. El ayuno fortalece nuestra voluntad en tanto sometemos nuestra vida y nuestra autosuficiencia a la voluntad de Dios. Cuando un deseo o una apetencia no logra ser saciada, allí aparece la fortaleza que ofrece el Espíritu de Dios para saciarnos y vigorizarnos con su presencia.
Hay un texto muy hermoso del profeta Isaías que canta diciendo que «Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor».
Es texto es tan vivificante que uno comprende que para Dios el ayuno no es sólo una práctica exterior, es un acción íntima unida a la vida espiritual. Desde el conocimiento interior uno analiza lo que falla en su interior. Y puesto en oración se ofrece a Dios lo que debe ser cambiado buscando la verdadera conversión, para fortalecer el espíritu y doblegar esa voluntad que nos lleva por el camino del mal.
Lo hermoso del ayuno es el cambio interior. Todo ayuno doblega nuestra voluntad y nuestras apetencias, nos convierte en personas más dóciles; la privación de algo que apetece fortalece el espíritu y nos convierte en seres más abiertos a la docilidad a Dios. Ayunar para seguir por el mismo camino no tiene ninguno sentido. Pero también es una enseñanza sobre el agradecimiento. La privación de algo nos deja vacíos pero también nos permite valorar aquello con lo que contamos.
Es fundamental, al mismo tiempo, que mientras practicamos el ayuno la queja no se convierta en una cantinela de nuestro corazón porque entonces no disfrutaremos de lo que nos privamos. Carece de sentido abrir una puerta a nuestra alma para ocuparla con otras cosas que nos dan placer sin ponerse en oración y meditando sobre la realidad de nuestra vida.
Ayunar tiene unas connotaciones muy profundas. Es darle utilidad a lo que ayuno, compartiendo incluso con quién más lo necesita. El ayuno es también desprendimiento, no aplazamiento. Es dar, darse y entregarse por amor a Dios. ¡Cuántas veces olvido esto, Señor!
Y, el ayuno enseña algo también muy relevante para nuestra vida: sentir una profunda aflicción por mis pecados y contemplar esta práctica como la gran oportunidad para sentir en lo más íntimo el daño que provocan mis pecados. Es como ataviarse de penitencia para ofrecer mi pequeñez a Dios.
¡Y en esta pequeñez pongo todo mi empeño para ayunar esta Cuaresma de todo aquello que me aparta de Dios y de los demás!

miercoles_ceniza

¡Espíritu Santo, don de vida, ayúdame a vivir esta Cuaresma con un decidido deseo de cambiar, de ayunar de todo aquello que me aparta de Dios, para que el ayuno se convierta en un verdadero reflejo de mi disposición interior a crecer en santidad! ¡Señor, que mi ayuno sea un ayuno alegre, predispuesto a la alegría, con rostro feliz y bien limpio, para que me fortaleza para convertirme en un cristiano mejor y lograr una verdadera conversión interior! ¡Ilumíname, Espíritu Santo, para este deseo de mi corazón! ¡Señor, quiero hacer el ayuno que Tú deseas! ¡Quiero desprenderme de aquellas cadenas que me atan a lo insustancial! ¡Quiero desatarme de las ataduras de mi egoísmo, de mi soberbia, de mis infidelidades a Ti y a los demás, de mis perezas, de mis yoes…! ¡Quiero desatarme, Señor, de las ligaduras de la falta de perdón, de la arrogancia, de los chismes, de la mentira! ¡Quiero, Señor, soltarme de las cargas por mis inseguridades que son una falta de confianza en Ti! ¡Quiero, Señor, de las cadenas de la hipocresía para ser un auténtico cristiano que ame de verdad y cuya vida de fe esté estrechamente centrada en la caridad hacia los que me necesitan! ¡Santa María, tu también me invitas en este tiempo a imitar tu ejemplo! ¡Ayúdame a sentirme cerca de Tu Hijo, y muéstrame tus caminos! ¡Dame la gracia de la humildad y la fuerza para hacer siempre la voluntad del Padre y de ayunar con alegría para que mi corazón se una a Ti en mi canto de acción de gracias! ¡Y a ti, Padre, te pido que el ayuno que emprenda en este tiempo me limpie de los malos hábitos, suavice mis anhelos y me haga crecer en mis virtudes! ¡Y, enséñame Padre, a que a través del ayuno, esté más cerca de Tu Hijo Jesucristo, por medio del Espíritu Santo! ¡Gracias, Señor, gracias!

El ayuno que gusta al Señor, cantamos hoy: